GARA Euskal Herriko egunkaria
CRÍTICA «Ted 2»

El incorrecto osito de peluche se pasa a «Padre de familia»


De todas las segundas partes que recuerdo, esta será de las que menos sentido tienen desde un punto de vista creativo. Sin embargo, la balanza se decanta del lado económico a consecuencia de la altísima rentabilidad comercial de la primera parte, que costó 50 millones de dólares y recaudó 550. Por si no bastara con tan material razón de peso, está además el fracaso de Seth MacFarlane en su primer largometraje como actor principal, el cochambroso western paródico “Mil maneras de morder el polvo”, por lo que necesitaba volver a refugiarse detrás de Ted, poniéndole la voz de nuevo.

Seth MacFarlane parece condenado a seguir con las tareas de doblaje ya desarrolladas en sus series de animación, y de ahí que “Ted 2” conecte argumentalmente con “Padre de familia”. Ahora bien, el regreso a su obra anterior no deja de ser una traición a su personalidad artística basada siempre en la innovación, intentando sorprender al público con cada uno de sus sucesivos trabajos. La idea de que Seth MacFarlane se repite a sí mismo ha de resultarle, sin duda, muy desalentadora, hasta el punto de que se ha visto obligado a desvariar en las notas de producción promocionales.

MacFarlane dice, para quien quiera creerle, que con “Ted 2” quería hacer una secuela totalmente distinta del original, como si fuera otra película sin relación alguna. Debe de ser más impotencia que otra cosa, porque era una misión imposible recuperar el efecto sorpresa inicial. El impacto de la película del 2012 se basaba en el hecho de oír hablar a un osito de peluche como un adulto humano deslenguado e irreverente, y en que pasado el primer shock el espectador acababa por acostumbrarse, como si ya le sonara natural. Desde el momento en que ahora quiere humanizarse y tener descendencia, con pleito legal de por medio, deja de ser un personaje chocante.