26 AOûT 2015 Espacios Carlos GIL Analista cultural Despacio que hablamos del espacio y e los espacios. De los contenedores culturales. De esos lugares donde aplicar los conocimientos de la gestión para darles utilidad pública. Los espacios una vez inaugurados, cobrado sus facturas los arquitectos de moda y que quedan a disposición de la gestión para comunicarse con los artistas y los públicos. De su buen uso. De su olvido como elemento fundamental en el discurso artístico. La tendencia actual es reciclar los edificios históricos de uso industrial para convertirlos en intervenciones arquitectónicas emblemáticas con difusa practicidad. Esto en el plano teórico parece una posibilidad apetecible. Cuando llegamos a lo concreto se comprueba que hay mucho de esteticismo, de búsqueda de la singularidad, de egolatría arquitectónica con una funcionalidad más que cuestionable. Estos proyectos nacen en el ámbito de la ambición política. A partir de ahí se crea un núcleo duro de supuestos especialistas que trabajan al servicio de sí mismos y de esa ambición. Cuando entran en funcionamiento aparecen los desajustes conceptuales, la falta de criterios técnicos apropiados. En las artes escénicas esos errores fruto de la soberbia los inhabilita para la exhibición en condiciones adecuadas. El debate más profundo se está dando en la relación espacial de los espectáculos y los públicos. Estos edificios deberían aportar elementos de confrontación.