20 SEPT. 2015 JO PUNTUA Dependiendo del bando, hay banderas y banderas Fede de los Ríos Cuando un trapo coloreado se trasmuta en bandera no cambia solo el color exterior, sino que en el interior de ese pequeño número de átomos que, junto al gran vacío donde se mueven, constituyen la tela, la diferencia según colores produce un diferente comportamiento ante las leyes naturales. Lo muestran periodistas españoles, demócratas todos por ser españoles, al describirnos el comportamiento de las diferentes banderas. Así pudimos leer la pasada semana en una crónica sobre un pueblo de Catalunya en las páginas de “El País” que «la estelada ondea con vehemencia». Otras banderas necesitan del viento para poder ondear. No es el caso de la vehemente estelada que, importándole un higo las condiciones atmosféricas, ondea quan li surti dels collons y lo hace vehementemente, es decir, irracionalmente como solo puede hacerlo una bandera «identitaria», separatista aunque quiera unir el norte y el sur y, por tanto, no democrática. Debe de ser por la estrella de cinco puntas porque, curiosamente, la bandera monárquica española, la que tanto quería la difunta Marujita Díaz cuyo relevo toma ahora Pedro Sánchez, «banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda», la rojigualda, con los mismos colores, es bandera que, ondeando al viento generosa y no vehementemente, no siendo «identitaria», sino cosmopolita nos une a todos, como madre amorosa, sin hacer distingos entre hijos naturales y adoptados. Dicen que Obama, un negro bueno de los que también quiere Dios, que también siente debilidad por la rojigualda, dijo ante el rey español que espera una «España fuerte y unida», que era lo que la comitiva con Felipe al frente, con espíritu de colonizados, le habían rogado que dijera. No tardarán en abrir por aquí cerca más bases militares con la bandera de barras y estrellas. Y se vinieron tan contentos los vendepatrias. Vaya banda de bandidos abanderados Eta zazpi lerrotako beste despieze bat eta zazpi lerrotako despieze bat eta zazpi lerrotako despieze bat eta zazpi