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CRÍTICA «El desconocido»

La espectacularidad se antepone a la solidez argumental


La puntuación de “El desconocido” es positiva, porque se impone su espectacularidad visual y su impacto como thriller de suspense psicológico que entretiene y mantiene al espectador en vilo. Ahora bien, aguanta la tensión narrativa y la intensidad dramática de la pura acción sobre un guion lleno de trampas, que no hay que confundir nunca con licencias. Puede parecer externamente equilibrado, pero a nivel interno presenta bastantes incoherencias.

No es que haya que ir de listillo y buscarle los fallos a los giros argumentales, pero no es bueno salir del cine haciéndose preguntas acerca de la falta de lógica del relato que uno acaba de ver. Si las bombas colocadas bajo los asientos de los ocupantes del coche se activan cuando estos se bajan del vehículo, lo cual en teoría les obliga a permanecer en sus sitios sin moverse hasta que el chantajista quiera, ¿por qué no se le ocurre ni a la policía, ni a nadie, colocar unos pesos en lugar de los cuerpos de los pasajeros? Por otro lado, ¿puede creerse alguien que el móvil de una persona desesperada que ha perdido a su familia y su hogar, o sea todo, sea el del dinero y no el de la simple venganza contra los causantes de su desgracia?

La falta de verosimilitud en el trabajo del guionista Alberto Marini es compensada con creces por el reparto adulto, que aporta credibilidad justo ahí donde no la hay. Luis Tosar está inmenso en el papel de director de una sucursal bancaria, al que le toca asumir de forma abrupta y violenta su cuota de responsabilidad en la venta de preferentes y demás productos tóxicos, cuando sus superiores le abandonan a su suerte. Pero lo mejor de la función es una todavía más impresionante si cabe Elvira Mínguez, que parece salida de uno de los “actioners” feministas de Kathryn Bigelow. El momento en que esta artificiera de explosivos protagoniza un enfrentamiento verbal con el personaje de Fernando Cayo es realmente sobrecogedor.