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El sueño se hace tan grande que...


Entre los sueños y la poesía siempre ha existido un buen entendimiento, una especie de conspiración de sentimientos y verdades individuales que trasciende la belleza y el ritmo de las palabras. Y cuando esa unión se crea tras los muros de una cárcel, en el espacio aislado de una celda, el sueño, los versos y hasta el sencillo texto de una carta se llenan de tragedia revolucionaria y, también, de una libertad irresistible. «No es una realidad concreta, no es un trazo preciso, sino una actitud vital», escribió J. Cortázar en los años 70. Precisamente, “Ametsen liburua”, de reciente publicación, recoge, en clave poética, los sueños de 426 presas y presos políticos vascos y responde al descubrimiento de ese compromiso personal e íntimo, a veces doloroso, que cada cual mantiene con su realidad, sus ideas y su lucha. Todavía recuerdo la lectura de “Poesía Trunca”, una antología de 1977 editada por Mario Benedetti en Cuba. En aquel libro se publicaron escritos de militantes revolucionarios que fueron asesinados, torturados, encarcelados o desaparecidos. Algunos como Dalton, Urondo o Rugama fueron poetas antes que guerrilleros; otros, guerrilleros que se convirtieron en poetas. Ametsak. Poesía, cárcel, compromiso, libertad... «y las frases se vuelven locas en mi sueño que todavía no existe.../ el sueño se hace tan grande que me duele el frío...».