13 DéC. 2015 Otras miradas a la cultura de la industrialización El autor ofrece una síntesis argumental de la conferencia sobre la fábrica y la máquina, el trabajo y el obrero contemplados desde la extensa creatividad artística que inspiran, la octava consecutiva que como cada año organizada por GARA se celebra en estas fechas y que hoy impartirá en Guggenheim Bilbao Museoa a las 12.00, con entrada libre. Iñaki URIARTE GARA En la Comisión permanente del Consejo de Europa reunida en París el 8 de marzo de 2013 su Asamblea acordó una serie de recomendaciones para preservar el patrimonio industrial europeo invitando a la Unión Europea y a la Unesco junto con el propio Consejo a conmemorar el Año Europeo del Patrimonio Industrial en 2015. Algunas naciones, instituciones y asociaciones diversas lo han hecho con variadas celebraciones y este acto es en Euskal Herria uno de los que cierran el ciclo. A mediados del siglo XVIII, la ciencia, la ilustración y el ingenio propiciaron el inició de una trascendental era para humanidad a la que se denominó Revolución Industrial. La implantación progresiva de la mecanización en los grandes procesos productivos con la radical de pérdida de la manualidad y sus rudimentarios utensilios, recursos y la tracción animal, sustituidos por una nueva fuerza energética basada en el agua, el carbón, el vapor y posteriormente, la combustión, el motor y la electricidad, supusieron una innovación de tal envergadura por la que con razón se denominó Revolución. Industrialización Gigantesco avance que paulatinamente facilitaría la elaboración de múltiples ingenios, mecanismos, instrumentos de todo tipo y modos laborales que mejoraron radicalmente la existencia humana en todos sus aspectos, desde las condiciones de vida, el trabajo o el desplazamiento, con la máquina como paradigma de la industrialización. Importantes consideraciones cuyo profundo y diferenciado análisis corresponde a otras disciplinas. Toda esta intensa actividad productiva y por tanto económica, desarrollada de forma progresiva con mayor o menor anticipación e implantación en distintos países y regiones, fue originando el anhelo de una vida mejor y el paulatino abandono del ámbito rural y agrario con masivas emigraciones hacia los lugares industrializados. Consecuentemente, se produjeron novedosos y severos impactos ambientales por los grandes y desordenados asentamientos urbanos periféricos para viviendas junto con importantes construcciones de infraestructuras, medios de transporte, abastecimientos y renovación de suministros públicos diversos, edificaciones para servicios sociales, etc. A su vez se originaron radicales transformaciones con muy diversos progresos de prosperidad, mejoras higiénicas, asistencias médicas, sociales y laborales. Se instauró el proletariado creando una conciencia de clase que impulsó la solidaridad, un novedoso concepto en la historia que propiciaría la aparición de ideologías reivindicativas con complejos conflictos, huelgas, calamidades y desgracias desconocidas hasta el momento que transformaron y mejoraron la sociedad de la época. Aparece un nuevo tipo de trabajador, el obrero, más instruido y con mayor conocimiento de sus obligaciones y derechos. Asimismo, surge la intervención de la Iglesia Católica con la encíclica Rerum Novarum en 1891 relativa a la situación de los obreros. En definitiva, crece la esperanza de un futuro distinto y mejor. Esta otra mirada recorre el amplio y notable patrimonio de creaciones artísticas que la industrialización, la fábrica, la máquina, el trabajo y su principal protagonista, el gran hacedor, el obrero, incluyendo obviamente a la mujer trabajadora, con todas sus circunstancias han legado. Especialmente en las Bellas Artes, mediante el grabado, la pintura, la escultura y posteriormente la fotografía. Se contempla la colonización de los espacios adyacentes a ríos y consecuentemente próximos a ferrocarriles y caminos, con su fuerza expresiva, donde se generaron extensos recintos fabriles que las empresas procuraron fuesen de calidad arquitectónica. A su vez mostraban con orgullo sus instalaciones en acciones, catálogos y publicidad en los que incluso el nombre de la fábrica en modo de anagrama y anuncio adquiere un interés simbólico de fácil asimilación y perenne recuerdo. Testigo pictórico La representación pictórica de la presencia de la fábrica en el paisaje con sus perspectivas y aspectos concretos de la complejidad, dinamicidad y suntuosidad de sus interiores, la reducida escala del obrero frente a la máquina y la producción, junto a la grandeza humana de su esfuerzo y trabajo fueron recogidas en ocasiones por notables artistas en cuadros, bien con carácter documental o como evocaciones, a veces pesimistas o bien de exaltación. Una faceta poco conocida socialmente pero si reconocida en museos y muy apreciada en colecciones privadas. Incluso las tarjetas postales de la época denotan una popularidad de la industria como síntoma de progreso y testimonio de autoestima de un lugar. Asimismo, era habitual que, resaltado fundido en la máquina o en una vistosa placa atornillada, se vinculase el nombre de la empresa y el de la población donde ha sido producida como una referencia de prestigio. Esta evolución social consecuencia de la era industrial introdujo nuevos valores, sistemas de vida y trabajo que considerados con un amplio concepto humanístico y sensitivo crearon una profunda huella de identidad constituyendo una memoria que conviene recordar y divulgar. Todo ello con el paso de décadas y en algún caso más que el centenario ha adquirido un apreciable valor estético, un sentido moderno de la belleza, constituyendo un destacado patrimonio cultural. CAMBIOA mediados del siglo XVIII, la ciencia, la ilustración y el ingenio propiciaron el inició de una trascendental era para humanidad a la que se denominó Revolución Industrial.