02 DéC. 2016 Italia se debate entre la rabia contra Renzi y la indecisión a tres días del referéndum Los italianos están llamados a las urnas el domingo para decidir en referéndum si aprueban o no la reforma constitucional propuesta por el Gobierno de Matteo Renzi, con la que busca una mayor estabilidad y a la que el primer ministro ha ligado su futuro. La recta final de la campaña se centra en convencer a los indecisos, entre un 15% y un 25%. GARA ROMA Los días previos al voto del domingo, los italianos han ido polarizando sus opiniones entre los más agresivos que ven en el voto una oportunidad para forzar una caída del Gobierno de Mateo Renzi y los indecisos. Hoy se cerrará una campaña que ha estado marcada por las acusaciones cruzadas y las recriminaciones, y su recta final estará destinada a convencer a los indecisos, que los sondeos sitúan entre el 15% y el 25%. «Hay mucha rabia. Incluso en conversaciones que deberían ser cordiales entre amigos sobre el referéndum, se acaba literalmente gritando. La gente está exasperada, pero es por la grave situación económica que atraviesa Italia», asegura a Europa Press Teresa, una joven que trabaja en banca. «Pero yo votaré ‘sí’ porque quiero menos excesos en la política; se eliminan las provincias y se elimina el bicameralismo perfecto», añade. «El Senado no es abolido totalmente, y con la reforma será peor de como está ahora», afirma por su parte Emanuele, de 35 años y que trabaja en una aseguradora. «Si gana el ‘sí’ los senadores serán elegidos por los políticos y no por el pueblo. Eso significa menos democracia», subraya. Tampoco le gusta la «nueva repartición en las competencias entre Estado y regiones» que conlleva la reforma ya que, «por ejemplo, la sanidad y las infraestructuras vuelven a estar en manos del Estado y las regiones no podrán decidir sobre las grandes obras públicas». «No hay quien lo entienda» Por su parte, Leonardo, que regenta un bar cerca del Palacio Chigi, sede del Gobierno en Roma, afirma: «No soy experto en leyes, pero los políticos no lo han puesto nada fácil para entender de qué va la reforma realmente». «El artículo 70, de pocas líneas pasa a tener varios párrafos y no hay quien lo entienda. Creo que ese es el principal problema de esta reforma que es ininteligible», comenta. Pero la opinión más compartida entre los italianos es la que convierte la consulta constitucional en un voto de confianza hacia el jefe de Gobierno, que llegó al poder a principios de 2014 sin pasar por las urnas. «Me dan igual las reformas propuestas, yo votaré contra Renzi porque es un incapaz», afirma Franco, jubilado. «La consulta es para decidir si Renzi se queda o no. Yo quiero que se marche», asegura Marco que lo acompaña. «Si al final voy a votar, elegiré ‘no’, porque yo creo que no se trata de cambiar la Constitución, sino a los políticos que nos gobiernan», dice Doriana, contable en una pequeña empresa. Francesco, que trabaja en la Universidad de La Sapienza, explica que ha entendido muy poco de la reforma y, por eso, no sabe si va a ir a votar. «En las europeas voté por Renzi, pero me ha decepcionado y tengo miedo de que detrás de esta reforma se pretenda hacer pasar por buena una ley sucia», dice. Comparte su opinión Ambra, que asegura que está muy indecisa porque las razones del «no», no le convencen, como tampoco quienes integran la oposición a la reforma. De hecho, los partidarios del «no» incluyen a toda la oposición que mezcla a la derecha que lidera Silvio Berlusconi, al antieuropeísta Movimiento 5 Estrellas (M5S) y a la Liga Norte. Desde que presentó la reforma constitucional, Renzi ha reiterado que dimitiría en caso de que la consulta tenga un resultado negativo, aunque estos últimos días ha rebajado el tono. El largo y lento declive de la economía italiana Para Matteo Renzi, las cifras aprueba su gestión, ya que evidencian, a su juicio, la mejoría de la economía desde su llegada al poder en febrero de 2014. Según dijo, durante sus primeros 1.000 días de mandato, el PIB aumentó un 1,6%, y un 3% el consumo de las familias, mientras que el déficit público y el endeudamiento bajaron. Pero Antonio Medugno, electricista en Nápoles, tiene otras cifras en mente: «A los 36 años, y pese a tener empleo, tengo que vivir con mis padres». Como más de dos tercios de los jóvenes de entre 18 y 34 años, a menudo por falta de recursos. «Mi padre tiene 63 años, es conserje en una escuela y gana 950 euros al mes después de trabajar toda su vida. Con salarios tan bajos, ¿cómo vives?», se pregunta. Entre ambas realidades, la ambigüedad de la economía italiana, cuyo crecimiento ha sido distribuido, pero demasiado débilmente como para que se note un cambio real. El crecimiento ha sido «muy bajo durante décadas», señala el profesor de Economía en la Universidad de Roma Luiss Pietro Reichlin, que cree que el problema principal son la constante pérdida de competitividad de muchas pequeñas y medianas empresas y la falta de crédito bancario, algo que, en su opinión. «no se puede resolver en una sola legislatura».GARA