13 JAN. 2017 CRÍTICA DE TEATRO Un ingeniero en el disparadero Carlos Gil El paro como detonante de una tragedia. Texto duro de Enzo Corman, la desesperación de un ingeniero que tras dos años de paro sufre una mutación. De ideas, de comportamientos, de actitud ante el destino. Reacciona frente a la rutina de las entrevistas de trabajo, de encuentros deshumanizados con directores de recursos humanos, currículum momificado. Su caída hacia los infiernos es fruto de la pérdida de toda esperanza, ruptura de relaciones, alcohol, pastillas hasta que decide adquirir una pistola. El ingeniero en el disparadero, un ser reflexivo que se convierte en un desesperado que encuentra en la violencia una salida aunque sea un camino de autodestrucción. Mata, pero es acribillado por el sistema. Cierre del ciclo vital, de la metáfora, del discurso. El director Iñigo Rodríguez-Claro tiene una idea nítida de su puesta en escena de este texto de estructura poliédrica y aprovecha los recursos escenográficos con inteligencia, usando lo audiovisual de manera orgánica. El mismo plan tiene el equipo actoral, descifrando con sus cuerpos y su dicción los misterios que contiene el texto, proporcionando un espectáculo bien armado que nos deja ese sabor agridulce tan reconfortante cuando el arte nos coloca en un disparadero moral y político. Una celebración.