17 MAR. 2017 LOS HOLLAR La «dramedia» como institución familiar Víctor ESQUIROL S ally Hollar empieza la mañana como siempre. Se ducha, se lava los dientes y cuando va a secarse el cabello, se desploma. Por suerte, su marido y uno de sus hijos se encuentran cerca de la escena del accidente, de modo que activan inmediatamente el protocolo de emergencia. Primero, llaman a la ambulancia. Segundo, convocan a todos los seres queridos. La intención es que el apoyo, cariño y amor de nietas, sobrinos, nueras y amigos propicie la pronta recuperación no solo de la paciente, sino también de una familia en horas bajas... Solo que como era de esperar, dicha reunión se descubrirá como un polvorín cuya más que probable explosión va a tener efectos devastadores para cualquier persona a cien kilómetros a la redonda. Al espectador, por suerte, la comodidad de estar al otro lado de la pantalla, le da también el privilegio de la distancia. A él, le toca reír. A esto en América lo llaman “dramedy”, unión paritaria (por defecto) entre drama y comedia, arte alquímico con el que el cine independiente ha ido labrando buena parte de sus éxitos más recientes. Seguimos tras la estela de “Pequeña Miss Sunshine”, y de paso, confirmando que lo alternativo se ha convertido en parte fundamental de la corriente general. Lo que antes era rompedor ahora es previsible, incluso académico. Placentero, sin duda, pero igualmente autocomplaciente. No confíen en el guion (mucho menos en la dirección), sino en un reparto de lujo en el que una magnífica Margo Martindale purga las carencias del conjunto.