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Entrevue
ASSA TRAORÉ
HERMANA DE ADAMA TRAORÉ, JOVEN MUERTO BAJO CUSTODIA POLICIAL

«Francia archiva por sistema las causas por violencia policial»

La muerte de su padre, en 1999, la situó a la cabeza de una familia de diecisiete hermanos y hermanas. Este viernes hablará en Baiona (Zizpa, 18.15) de uno de ellos, Adama, muerto hace un año en el transcurso de una detención policial en Beaumont-sur-Oise.


El 19 de julio de 2016 estaba llamado a ser un día de celebración en casa de los Traoré, una familia tan enraizada en el barrio popular de Beaumont-sur-Oise (región parisina) como orgullosa de sus orígenes malienses. Todo cambió cuando Adama, que ese día cumplía 24 años, murió asfixiado, en el curso de una detención policial. En conversación telefónica con GARA, su hermana Assa relata su combate por la justicia.

El 19 de julio de 2016 su vida de educadora de jóvenes se vió sacudida por un hecho dramático, la muerte de su hermano. Hábleme de Adama.

Adama era un chaval amable, tenía muchos amigos. Era un aficionado al fútbol, lo que le llevaba a viajar aquí y allá, conocía muchos países de Europa, y el día en que murió debía haber celebrado su 24 cumpleaños.

Adama muere después de que los gendarmes le aborden en un local público para proceder a una identificación. La familia denuncia de inmediato lo ocurrido como violencia policial. No tienen dudas.

A nadie que viva en estos barrios le sorprende esa respuesta tan inmediata. Yo misma estaba ese día en el extranjero, pero en cuanto me dijeron que Adama había muerto me dije a mi misma: «Ya está, ya ha pasado». Aquí son habituales los controles de los gendarmes. Hemos vivido su violencia en mi familia. Cuando se ha sufrido todo eso, queda poco lugar para la duda.

Un testimonio del cuerpo médico desmiente la versión oficial y afirma que cuando fueron a asistir a Adama no estaba en posición lateral. Su hermano habría sido esposado con las manos a la espalda e inmovilizado boca abajo.

Francia es una máquina expendedora de archivo, negación, desestimación de casos por violencia policial. También a nosotros han intentado llevarnos a un callejón judicial sin salida. Para ello no han dudado en decir que las pruebas que se le practicaron a Adama tras su muerte revelaban restos de drogas o de alcohol. También hablaron de infección generalizada en órganos vitales, de antecedentes de enfermedad cardiaca... todo para ocultar que murió asfixiado.

La familia ha tenido palabras muy duras hacia el entonces fiscal de Pontoise, Yves Jannier, y hacia las autoridades de Beaumont-sur-Oise.

Han tratado de ensuciar la memoria de mi hermano, de mi familia. El fiscal ha mentido insistentemente. Hemos sufrido doblemente, todo para que un año después nuevos informes, hechos a demanda de la familia, hayan despejado toda duda. Mi hermano murió a causa de un episodio de asfixia aguda.

Dos de sus hermanos fueron detenidos tras las protestas por la muerte de Adama.

Para llegar a donde estamos, a las puertas de un juicio, hemos sufrido mucho. Dos de mis hermanos fueron detenidos, y aún peleamos para que uno de ellos recupere la libertad. Vinieron a buscarlo once meses después, en vísperas del primer aniversario de la muerte de Adama. Está claro que ese sistema llamado de justicia no descansa a la hora de acosar a nuestra familia.

Usted trabaja precisamente al lado de jóvenes de los barrios populares, ¿es la causa de Adama una bandera para hablar de otra realidad más profunda ?

Estamos preparando un proceso que debe servir para hacer justicia a Adama, pero además para hacer que la opinión pública, en Francia y en el extranjero, fije su atención sobre estos comportamientos antidemocráticos, tome conciencia de la existencia de esa otra Francia en la que la justicia y los derechos no existen igual para todos. Ese sistema creado en torno a los barrios populares que ha matado a mi hermano debe cambiar. Hay que construir un país que nos pertenezca a todos. Hoy luchamos por Adama pero también para que ocurra esa bella revolución.

«Sin justicia nunca tendréis paz» afirman desde la organización de apoyo creada tras la muerte de su hermano. ¿Qué debe cambiar para que los jóvenes de los barrios populares dejen de ser vistos y tratados como el enemigo interior ?

En lo que afecta a Adama, la primera exigencia es un juicio justo, porque sabemos que el derecho a la justicia no es igual para todos, que hay esas dos Francias. Sin embargo, quiero recordar que mis dos abuelos lucharon por Francia en la guerra del 39-45. Uno murió, otro volvió mutilado. Francia debe hacer justicia con su nieto.

«Una vida no se apaga nunca, se prolonga en otra» se dice en el libro “Carta a Adama”. ¿Cómo luchar contra el olvido?

El libro responde a la necesidad de contar cómo era Adama, de explicar de dónde viene mi familia, de decir lo que pasó, de hacer entender que mi hermano fue otra víctima de un engranaje perverso. De eso hablaré también en Baiona, y de mi intención de seguir luchando, porque tengo más hermanos y porque éste es también un combate contra una estigmatización colectiva.