17 NOV. 2017 HACIA LA LUZ Naomi Kawase nos guía por un mundo sin visibilidad Mikel INSAUSTI El cine de Naomi Kawase ha sufrido una evolución que la ha ido alejando del prestigio crítico de los festivales internacionales de cine, pero la ha ido acercando más al gran público. El prestigio minoritario se lo debe a títulos emblemáticos como “Shara” (2003), “El bosque del luto” (2007) o “Aguas tranquilas” (2014), sin duda sus obras más poéticas y personales. Pero con su anterior “Una pastelería en Tokio” (2015) demostró que su sensibilidad puede abrirse a un lenguaje más universal y a niveles de compresión más asequibles. Con “Hikari” trata de aunar su vertiente más documentalista y ensayística de los comienzos con esta nueva etapa ficcional que toca una fibra entre mística y romántica. La cineasta japonesa plantea en “Hikari” una historia de amor entre seres incompletos que se complementan el uno al otro. Ella porque ha perdido a su padre y su madre padece senilidad, y él a causa de que su exmujer va a contraer matrimonio con otro. Ayame Misaki representa a una mujer cuya profesión consiste en hacer audiodescripciones de películas para espectadores invidentes, mientras que Masatoshi Nagase encarna a un fotógrafo que se está quedando ciego. La película especial para su situación es protagonizada y dirigida en la ficción por el veterano actor Tatsuya Fuji, a quien Nagisa Oshima y “El imperio de los sentidos” (1976) convirtieron en mito. Su presencia no resulta nada casual, porque la pareja estelar busca otras formas de sentir, ya que la luz también es calor y una puesta de sol es una caricia.