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«The Florida Project»

La nueva generación surgida de la crisis en los márgenes de Disney World


Sean Baker es uno de los nuevos jóvenes talentos del cine independiente, al que le ha costado hacerse un sitio durante su andadura cinematográfica a partir del cambio de milenio. Su filmografía se compone de títulos minoritarios como “Four Letter Words” (2000), “Take Out” (2004), “Prince of Broadway” (2008) o “Starlet” (2012). También cuenta en su haber con la serie de televisión un tanto maldita “Greg, the Bunny” (2002), pero no sería hasta grabar su reciente “Tangerine” (2015) con la cámara de un teléfono móvil, y gracias a su emisión en Netflix, cuando su nombre nos iba a comenzar a sonar. La consagración definitiva le ha llegado con “The Florida Project”, que se ha colado en los Óscar con la nominación para Willem Dafoe como Mejor Actor de Reparto, repitiendo las que ya tenía para los Globos de Oro y los Bafta.

Para rodar “The Florida Project” Sean Baker se ha olvidado de la inmediatez digital de su anterior trabajo, recuperando el colorismo y la textura mágica del celuloide en 35 mm. El resultado es una obra deslumbrante, hecha de tonos pastel, el de la pintura barata y chillona de las paredes exteriores e interiores del motel en el que transcurre el metraje, y que atiende al ilustrativo nombre de Magic Castle.

El lugar de cuento está habitado por niños y niñas que corretean por sus pasillos y los descampados de los alrededores, viviendo su infancia al otro lado del sueño americano, en los márgenes de los parques de atracciones de la ciudad de Orlando, los famosos Disney World, Universal Studios o Sea World, a los que no tienen acceso. Les ha tocado ser la generación de la crisis económica, la perjudicada por el capitalismo salvaje de la era Trump. Son criaturas abandonadas con madres solteras y adolescentes abocadas a la exclusión social y la prostitución. Sin embargo, la coyuntura desfavorable no les arrebata sus ganas de jugar.