13 FéV. 2018 Cuestionando la virilidad Belén MARTÍNEZ Analista social Las agresiones sexuales cometidas por menores provocan conmoción social, además de «descolocar» a quienes trabajan en el ámbito de la educación. No resulta fácil descifrar las causas que desencadenan esa violencia. ¿Algunos factores explicativos? Exposición precoz de los niños a la pornografía, falta de supervisión y diálogo en el ámbito familiar, violencias sexuales previas, exposición continuada a la violencia infligida por un adulto –padre u otro– a la madre del menor… Otro elemento nada desdeñable es el ideal masculino restrictivo y agresivo ligado a la virilidad –la norma social de una masculinidad basada en la superioridad de lo masculino sobre lo femenino–, llevándolo a la dimensión de la sexualidad. Su expresión es la demostración pública (un test, una prueba) de que se es muy hombre. La virilidad conlleva déficits de habilidades sociales, distorsiones cognitivas, emociones inadaptadas, falta de empatía y falsas representaciones de la sexualidad, así como rechazo a la autonomía de las chicas y a otras formas de masculinidad. El incremento de las penas no contribuye a la resolución del problema. Tampoco la existencia de reality shows con pretendientes y tronistas, en los que se promociona, naturaliza y legitima el ideario machista de machote viril al acecho.