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EMPODERÍO: GITANAS FEMINISTAS EN MOVIMIENTO

«Nadie peleará por nosotras, y es nuestra responsabilidad hacerlo»

Ellas guían su propio recorrido y deciden por dónde quieren caminar. Las mujeres gitanas reivindican sus derechos, mayor visibilidad y oportunidades. «Basta de estereotipos y paternalismos», piden. «Empoderío» lo llamaron. ¡Y tanto! En Hika Ateneo de Bilbo confluyeron ayer peleonas y feministas voces.


Libertad, derechos, desarrollo personal, educación, estereotipos, discriminación, igualdad, instituciones, payas, sexualidad, familia… estas palabras, apenas unas poquitas de todas las importantes que se pronunciaron, comprenden muchas claves y representan otro tanto de oportunidades para afrontar el debate sobre el feminismo, las mujeres, las mujeres gitanas en concreto, y su «empoderío», como ayer lo definieron en las jornadas organizadas por la Asociación de Mujeres Gitanas de Euskadi Amuge.

Por cierto, «empoderío» gustó mucho, más que «empoderamiento» (se concedió el permiso para poder apropiarse del término).

Dos mujeres con experiencia, con largo bagaje, y que a estas alturas nadie puede darles lecciones de ningún tipo. Marcela Lagarde, antropóloga y feminista, natural de México. Habló, y se quedó muy a gusto. A su lado Pilar Heredia, la primera mujer gitana candidata al Congreso de los diputados en Madrid, comunidad en la que también aspiró a tener un escaño en la Cámara.

Dos mujeres que han batallado lo suyo para llegar hasta el lugar que ocupan en la vida hoy. El empoderamiento de las mujeres gitanas y su derecho a participar activamente en la política, entre otros, se lo tomó «tan en serio», que Heredia reconoció, de forma metafórica, haberse «partido la cara con todo el mundo», incluso en el seno de la familia. Su propia experiencia le sirve como ejemplo. La pequeña de seis hermanos varones «machistas», tuvo a su padre como ejemplo a seguir. «Un hombre abierto de mente, avanzado, atípico para su época». Metido en muchas batallas contra el racismo y otras injusticias, siguió su estela, con más intensidad una vez él falleció. Su marido siempre la apoyó, dijo, agradecida. Ayer también estaba a su lado.

La «batalla» gira en torno al derecho de las personas gitanas a ocupar cargos y responsabilidades en las instituciones públicas, que las mujeres de su etnia tengan un altavoz. A día de hoy, según lamentó, no hay una sola mujer gitana en los espacios de poder y toma de decisiones. «Ninguna mujer paya nos cede su sitio, tampoco en política». Tirón de orejas a las formaciones, que no cuentan con ellas, criticó.

Al igual que Lagarde, pidieron que «nadie nos tutele». Son adultas, tienen voz y saben lo que quieren. «Nosotras sabemos qué nos pasa, cuáles son nuestras necesidades y cómo es nuestro mundo. Queremos estar al otro lado de la mesa, donde se decide», pidió Heredia.

«Nadie empodera a nadie», resumió Lagarde. En opinión de esta académica, que viajó desde su país natal para estar ayer en Bilbo, el empoderamiento es un poliedro que guarda estrecha relación con las relaciones sociales, la economía, la política o la cultura. «Y no se trata de cambios terribles, sino de que se propicie bienestar», agregó.

Seguimos con el empoderío. Para Lagarde es una palabra que va ligada, sí o sí, al término «vital». «Hagan una lista con sus necesidades vitales. Y que nadie se ofenda, pero digámoslo, primero estoy yo y luego… yo. La mujer tiene derecho a la vida propia, tenemos derecho a nosotras mismas». Un «egoísmo» necesario para aquellas mujeres que se dejan la piel por los demás, olvidándose por completo de ellas mismas.

Habló de «riesgos», como el embarazo precoz y la forma en que se vive la sexualidad. Esperar un bebé es, en su opinión, el problema «más severo» para el desarrollo personal de la adolescente, que deje de lado la formación y anhele en un futuro un oficio. «Que sea lo que quiera ser», animó. «Las jóvenes están en época de enamorarse, de relacionarse, pero que las pasiones no desdibujen su ‘yo misma’, el ‘yo quiero’ y el ‘yo decido hasta dónde y cómo’, no solo en cuestiones de pareja», sino en todas. «Su formación, el amor, la maternidad, el empleo… se dan al mismo tiempo y la mujer queda agotada de tener que afrontar estos episodios» a veces de forma simultánea. Las dobles y triples jornadas, mujeres que hacen varias cosas a la vez. «Sobreusamos el tiempo, digamos ‘no’ de una vez, porque no es sano», animó.

Puntos de encuentro

Diversas asociaciones de mujeres gitanas también tomaron la palabra. Desde estos puntos de encuentro se están haciendo grandes cosas: las mujeres están ganando espacios, confianza en sí mismas, adquieren conocimientos y fortalecen su autoestima. Crean red y refuerzan su comunidad fuera del día a día cotidiano. Se convierten en agentes activos. Queda mucho por hacer, pero el cambio es evidente. Olga Borja, de Secretariado Gitano de Araba, recordó que hace 15 años un grupo de mujeres pasaron unas pequeñas vacaciones en Gasteiz. «Solas», es decir, sin maridos ni parejas. «Mi padre me amenazó con no dejarme volver si marchaba». Se fue igualmente. Hoy, esa amenaza sería impensable.

No obstante, en esa tarea de empoderarse, no están exentas de dificultades. El propio espacio es un obstáculo, reconoció Silvana Jiménez, de Romi Bidean. «El miedo a ser juzgadas, a salir de la zona de confort…». También la disponibilidad, porque muchas piensan en plural, en los demás, y no en ellas mismas. Desde Amuge, Tamara Clavería, caldeó el ambiente. Mujer con iniciativa y arranque. Tiene las ideas claras y va a por ello. «¡Estamos dormidas, y os necesitamos!», clamó a las decenas de asistentes, jóvenes la mayoría. «La pelea nadie la hará por nosotras, tenemos derechos y obligaciones como las demás, pero no las mismas oportunidades. Es nuestra responsabilidad decidir por nosotras mismas, y dar los pasos».

Sobre sus virtudes y fortalezas, muchas y variadas. Además, innatas, defendió Jiménez. «La mujer gitana es fuerte y valiente, históricamente ha peleado, ha luchado y se ha adaptado a todo tipo de climas y contextos. Nuestro defecto es no creérnoslo», lamentó.

Hubo un reconocimiento a las mujeres mayores, sus predecesoras, aquellas que abrieron otros caminos en tiempos más difíciles. Estas, orgullosas de la generación que pisa fuerte, agradecieron este ímpetu, fresco. «Gracias a vosotras vivimos ahora otra vida», reconocieron emocionadas.