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Un chupinazo no tan distinto y muy mundial

Motxila 21 le encaja como un guante a la fiesta más popular del mundo: inclusión, diversión y corazón. Ibai Ganuza y Leire Zabalza dieron ejemplo a todo el globo de que nada hay imposible y de que al fin y al cabo cada uno somos diferentes. De su mano estalló una fiesta que atrajo a la Plaza del Ayuntamiento a visitantes de todos los continentes, mientras los de casa buscaban sus txokos particulares para sacarle todo el jugo al mejor minuto del año.


«No somos distintos ni laberintos para perderse/ buscando razones en los corazones para quererse/ no somos distintos, cuando amanecemos el sol aparece/ por donde pisamos se abren caminos, la hierba crece» (Motxila 21)

A las 12 en punto del mediodía del 6 de julio Iruñea se transmutó como siempre, pero esta vez con unos protagonistas que evidencian cómo ha cambiado esta ciudad: en vez del anodino concejal de turno de hasta hace unos pocos años, la mecha la prendieron un chaval y una chavala de Iruñea, Josu Ganuza y Leire Zabalza, músicos ambos, él además futbolista en Osasuna Genuine, perejil de mil salsas ella, y muchas otras cosas a las que se suma una alteración en el cromosoma 21 que los convierte en síndromes de Down.

El pueblo acertó de pleno. No había mejor manera de empezar las fiestas que con este canto a la inclusión televisado a todo el mundo y que vuelve por tanto a convertir a Iruñea en referencia positiva. Algo tan simple como hacer visible lo real, y que de hecho ya está siendo emulado en otros pueblos y ciudades. Y es que no son distintos, todos somos diferentes.

Y bastaba mirar a la Plaza del Ayuntamiento, abarrotada tres cuartos de hora antes, para constatarlo. Con el paso de los años, los de casa se van replegando a sus territorios favoritos y el epicentro festivo queda para una marabunta multiforme: desde mochileros australianos a mozopeñas PTV (Pamplona de Toda la Vida en el argot local), de aventureras sesentonas a quinceañeros hipermotivados. A nadie se le pide el DNI para entrar. Eso sí, la paulatina «guirización» del chupinazo se percibe en que vuela más sangría que champán y las cancioncillas locales han dado paso al himno futbolero ‘‘Seven Nation Army’’, el mismo que abre los partidos del Mundial de Rusia. Era mal día para programar fútbol ayer en Iruñea, por muy apasionantes que fueran el Francia-Uruguay y el Brasil-Bélgica. El 6 de julio en Iruñea es el puto día D, empieza cuando se le hinca el diente al almuerzo y acaba cuando a cada cual se gastan las fuerzas, sean las cinco de la tarde o de la madrugada. Entre medio, no hay tregua.

Que Josu Ganuza y Leire Zabalza tienen tablas ya lo sabía quien haya disfrutado un concierto de los Motxila, pero la prueba del balcón del segundo piso del Ayuntamiento era de fuego. Y vaya que sí cumplieron. «Al principio hemos estado nerviosos pero luego no», aseguró luego Ganuza, pletórico tras la «chulada» mientras a Zabalza le costaba más reponerse.

El alcalde, Joseba Asiron, también flipaba con el «temple» de los chavales y presumía de la lección que deja Iruñea a todo el mundo: «Es un colectivo muchas veces no apartado, sino totalmente invisibilizado en las fiestas. Tenerlos hoy aquí con ese aplomo y esa alegría, dando el inicio a las fiestas, creo que es una fotografía importante».

Reivindicaciones y empujones

Para entonces, los gaiteros ya se habían abierto paso por la Plaza del Ayuntamiento y los 5.000 afortunados que habían hallado hueco en la Plaza seguían la fiesta hacia la calle Mayor, Mercaderes o Chapitela.

Buena parte eran forasteros, pero también los había locales que llevaron sus demandas hasta la fachada consistorial, pese a los empujones con que intentaron impedirlo algunos intolerantes, sin que la cosa fuera a mayores. Una ikurriña de grandes dimensiones palió las trabas existentes aún para colgarla oficialmente (uno de los mástiles centrales del Ayuntamiento quedó vacío para reflejarlo), a su lado otra lanzó el mensaje de «Ahora los presos» en euskara e inglés, una más apoyó a los gaztetxes de Iruñerria, alguna banderola evocaba a los presos políticos catalanes...

 

Solamente 28 atendidos en el cohete frente a los 39 de 2010 o los 78 de 2005

La eliminación total de la entrada de vidrio en la Plaza del Ayuntamiento ha revolucionado el chupinazo. De aquellos Sanfermines de años pasados en que proliferaban los cortes por cristales, además de los heridos por porrazos policiales, se ha pasado a una fiesta brutal pero casi inmaculada.

Así, Cruz Roja y DYA apenas atendieron a 28 personas en los puestos móviles instalados con motivo del inicio de las fiestas, y únicamente tres de ellas tuvieron que ser derivadas a centros hospitalarios. Es la tercera parte de las 78 que sufrieron algún tipo de contusión o herida en 2005, por citar un dato comparativo.

Según los números ofrecidos por Cruz Roja, que montó tres puestos en el entorno del chupinazo más la Unidad de Atención Primaria que funciona todas las fiestas, de sus catorce atendidos cinco presentaban heridas, uno traumatismo, otro quemaduras, uno más intoxicación etílica y una persona más requirió atención por otros motivos.

En el caso de DYA, que instaló dos puestos en la zona, las atenciones con motivo del cohete fueron otras catorce lo que supone un 50% menos que el año pasado, según precisó esta entidad.

De estas personas, cinco necesitaron curas, tres presentaban traumatismos, dos debieron ser atendidas por heridas –una de ellas punzante–, una era una distensión del ligamento cruzado, y la otra una irritación ocular.