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EL BITCOIN CUMPLE SUS PRIMEROS DIEZ AñOS

EL DINERO DIGITAL EN LA SOMBRA, LEJOS AÚN DE LA NUEVA NORMALIDAD

El bitcoin, la primera moneda virtual descentralizada, está de cumpleaños. En su décimo aniversario, víctima de una gran volatilidad en su cotización y de atracos informáticos, no ha conseguido alcanzar la madurez y ser aceptada en masa por el gran público. No obstante, ha dado frutos: un sector con cientos de criptomonedas que los analistas creen que podría ser aceptado por los bancos.


Apenas semanas después del crac de las finanzas que explotó con el colapso de Lehman Brothers hace 10 años, destapando las deficiencias y las miserias del sistema financiero, un autor (o colectivo) anónimo de seudónimo Satoshi Nakamoto publicaba el libro blanco del bitcoin. Inspirado por la estrategia del movimiento criptoanarquista y de los ciberpunkis de los 80 y principios de los 90, que utilizaban la criptografía asimétrica para hacer cumplir los principios de privacidad y libertad individual, y tras acusar a las instituciones financieras de abuso de confianza, creación de burbujas de crédito y de cobrar grandes comisiones, el lanzamiento del bitcoin prometía, en teoría, algo grande.

A saber: una moneda digital sin un sistema bancario centralizado, sin las garantías de un gobierno ni montones de oro para funcionar como unidad de cambio, que funcionaría mediante un sistema de contabilidad pública que nadie podría controlar, ni hackear, pues sería imposible de reescribir sin comprometer la integridad del software. Se trataba de una idea democrática, radicalmente descentralizada, de usuario a usuario, resistente al control y al rastreo, diseñado para que la red mantenga un sistema infalible basado en el registro de cada transacción y la emisión de seguimiento de la moneda.

Inmediatamente se desató la «bitcoinmanía». Y a lo largo de estos diez años ha conocido subidas exponenciales en su cotización, que respondían más a un patrón especulativo que a ser un simple reflejo de una masificación venida de la mano de una creciente aceptación y confianza entre el público. Para muchos analistas financieros, la cuestión no era, nunca fue, si la burbuja del bitcoin explotaría, sino más bien cuándo y cuán grande sería su colapso. No obstante, también había, y hay, muchas otras voces del mundo de las finanzas que anticipaban que en las próximas décadas la mayoría de los gobiernos ofrecerían divisas digitales a sus ciudadanos y que, al final, estos decidirían qué moneda sería la ganadora y la perdedora. Daban por seguro, en definitiva, que con el paso de los años las criptomonedas saldrían de la sombra y se acercarían a una nueva normalidad, con centenares de millones de personas usuarias.

Atracos informáticos

En 2013, el bitcoin, que al principio no valía casi nada, supera los 1.000 dólares y comienza a concitar el interés y a aumentar la paranoia de las instituciones financieras. Y afloran las contradicciones. Mientras que el Banco Central Europeo (BCE) evocaba un peligroso funcionamiento de estafa piramidal, un esquema de Ponzi amoldado a la era digital, el jefe de la Reserva Federal de EEUU (Fed), Ben Bernanke, saludaba su potencial.

A los pocos meses, el bitcoin, la vanguardia y la más popular de las criptomonedas, afronta su peor crisis: la plataforma MtGox, la red en la que se cambiaban hasta un 80% de los bitcoin en circulación, es pirateada. Como ocurría en los bancos, un atraco, en este caso informático. ¡Y vaya botín! Para finales de este año, se calcula que el botín total de los atracos informáticos ascienda a 1.500 millones de dólares. La cotización se derrumbó y hubo que esperar tres años hasta que remontara al nivel de finales de 2013.

En 2017 se instala la locura más sulfurosa: a mediados de diciembre el bitcoin pasa de menos de 1.000 dólares a más de 19.500 –actualmente se compra por unos 6.400 dólares–. Mirando al patrón, podría decirse que ha seguido la senda de la burbuja, que es un activo con subidas exponenciales que en un par de semanas puede llegar a perder el 90% de su valor. Y que muchos inversores se han subido a este tren para especular con esta moneda, como en su momento lo hicieron con el ladrillo o con las compañías .com.

El futuro no está escrito y está por ver si las criptomonedas llegarán a tener las tres funciones básicas del dinero (unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor), pero está claro que las subidas y bajadas de la cotización del bitcoin han animado mucho a los inversores.

La firma especializada Coinmarketcap estima que la capitalización total del bitcoin supera los 300.000 millones de dólares. Todas las criptomonedas juntas superarían los 800.000 millones de dólares. Bitcoin sembró la semilla de las monedas virtuales –a otro nivel, también la criptomoneda Ethereum como dinero programable– y tras su éxito florecieron más de 2.000 criptomonedas. Por otra parte, casi 900 han desaparecido sin que se sepa muy bien qué fue del dinero que costaron.

Problemas crónicos

Para algunos, el bitcoin y la tecnología blockchain, la llamada nueva tecnología de la confianza sobre la que se asienta, son casi como una religión. Nos hablaban de criptorevolución, de la llegada de un nuevo medio que iba a revolucionar el intercambio. Pero en realidad, el bitcoin se usa, según los expertos, como depósito de valor y, dada su volatilidad, tanto para subir como para bajar, es un buen medio para especular. Resulta irónico: lo que había venido para esquivar a los bancos podría terminar integrándose en los mismos. Y es que si los bancos pasaron del metal al plástico como medio de pago, con su respaldo y regulación bien podrían pasarse al bit en un futuro próximo.

Y es que el bitcoin no es un billete para comprar el pan, ni un metal transformado en joya, ni es producido por una empresa que cotiza en bolsa, ni funciona avalado por un estado. Pero las cosas como son: el bitcoin es algo que se cambia por dinero.

Cierto es que tiene problemas crónicos en sus plataformas no reguladas, que muchos intercambios son habitualmente hackeados y que normalmente esos fondos se pierden para siempre; que procesar bitcoins requiere una cantidad de electricidad desorbitada; que los intercambios son cualquier cosa menos rápidos; que falta transparencia y le sobran escándalos; y que la materialización de su promesa de revolución del sistema financiero no está a la vuelta de la esquina. Diez años no han sido suficientes y aún le falta tiempo para llegar a la madurez. Pero con inversiones y garantías institucionales esa madurez podría hacerse realidad y las criptomonedas podrían aspirar, si no a todo y valer para todo, a mucho más.

Menos bitcoin, más criptomonedas

En los próximos diez años es probable que la moneda virtual sea aceptada como norma para pagos y para trasferir dinero. Quizá, como en todo, también con las criptomonedas los primeros años han sido los más peligrosos, y hay que ser paciente y dar tiempo. Y puede que en adelante los mayores peligros sean bastantes menos y más lejanos.

Como tendencia general para los próximos diez años, varios analistas aseguran que el peso y la influencia del bitcoin en el sector de las criptomonedas se reducirá drásticamente y perderá su posición de liderazgo. Auguran también que cuanto antes se ponga en marcha un ecosistema de seguridad y garantías, con nuevos avances y respuestas tecnológicas, mucha más gente adoptara en masa las criptomonedas y se lanzarán más activos digitales, tanto por instituciones públicas como por organismos privados. En ese marco, el bitcoin tendrá que repartir buena parte de su pastel. Quizá para los bancos las criptomonedas son el dinero del futuro y como mercado, dentro de diez años, cuando el bitcoin cumpla veinte, no habrá nadie que lo reconozca. Hay expertos que hablan de que el mercado de las criptomonedas crecerá como mínimo más de un 5.000% la próxima década. Poca broma.

Sin comparación con los diez años de PayPal o Visa

Hace 10 años nació bitcoin con esta promesa: una moneda digitalizada y anónima enviada a través de un libro de contabilidad distribuido sin permiso que podría democratizar cómo se mueve el dinero.

Comparativamente, diez años después de su lanzamiento, el sistema de pago PayPal operaba en 190 países y tenía 60 millones de usuarios. Amazon se acercaba a 70 millones de usuarios. Visa y Mastercard habían otorgado licencias de su tecnología a miles de bancos y millones de consumidores tenían sus tarjetas. Diez años después de que Apple lanzara el primer iPhone, había vendido 1.200 millones de unidades y había revolucionado el comercio del móvil.

Diez años después, el bitcoin sigue siendo aún marginal, se calcula que tiene entre 5 y 10 millones de usuarios y está siendo comprado por los especuladores como si fuera lotería digital. El 75% de las transacciones de bitcoin son el resultado de mineros que mueven dinero entre ellos mismos y los especuladores que lo negocian, y hasta ahora, sus transacciones son de naturaleza nefasta, en el mejor de los casos.M.Z.