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El legado de Lenin


Fue uno de los políticos más influyentes del siglo XX. Su legado está ahí, esperando una nueva fase histórica en la que las utopías sean o, al menos, parezcan otra vez alcanzables. Cuando lo fueron, el Che comandó la toma de Santa Clara, y tras la revolución fue ministro de Industria y director del Banco Nacional de Cuba. Luchó en el Congo y lo mataron en Bolivia. Y allí, diez años más tarde, cuatro amas de casa y una veintena de niños marcharon a La Paz y se pusieron en huelga de hambre. Fue la chispa que necesitó el machacado pueblo boliviano para forzar a la dictadura de Hugo Bánzer a convocar elecciones sin exclusiones y a decretar una amnistía general.

Volviendo al Che, como cantaba Ismael Serrano, ya nadie se atrevió a tomar de nuevo su fusil caído. ¿O sí? Veinticinco años después de su muerte, el Movimiento Bolivariano Revolucionario MBR-200 dio un golpe de estado contra el Pacto de Punto Fijo. Un operativo que movilizó a más de 2.000 militares intentó tomar las principales ciudades del país y apresar al presidente Carlos Andrés Pérez. No lo consiguieron. Detenido, el comandante Chávez, de 37 años, asumió ante el país la responsabilidad del fracaso de aquella acción. Venezuela cambió para siempre.

Aquel golpe fracasó, no así el Movimento das Forças Armadas, que consiguió tomar todos los puntos estratégicos de Portugal tumbando una dictadura que ya duraba 46 años. Nunca estuvo un país de Europa occidental tan cerca de la revolución socialista.

Lenin, el Che, Domitila Chungara, Chávez, Saraiva de Carvalho. Ninguno de ellos nos aleccionó desde su cuenta anónima en Twitter.