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WOMEN’S CHAMPIONS LEAGUE

Un campeón imbatible

El Olympique reedita su título de campeón europeo y, con ello, su condición no ya de mejor equipo del mundo, sino de la historia. Esta vez le tocó comprobarlo al Barcelona que, en su primera final de Champions, se vio totalmente superado. Las francesas sentenciaron en la primera media hora para celebrar su sexto título continental.


OLYMPIQUE DE LYON 4

BARCELONA 1


El Olympique de Lyon retiene su corona. Lo normal porque no sólo es el mejor equipo de Europa, sino del mundo e incluso de la historia. Con tal diferencia respecto a sus rivales que parece imposible verle perder. Algo que, efectivamente sucede en muy contadas ocasiones y siempre ante adversarios de postín, equipos que arrasarían en cualquier competición... en la que no estuviera el Olympique. Un grupo selecto, mínimo, en el que no se encuentra el Barcelona. Parecía claro antes de la final de Budapest, ante la que resultaba complicado incluso aferrarse a la imprevisibilidad del fútbol que tantas sorpresas han propiciado en las últimas semanas. Y quedó confirmado no ya al final de los noventa minutos, sino en la primera media hora, suficiente para que el equipo de Reynald Pedros sentenciara su sexta Champions League, cuarta consecutiva que, además, le supone su cuarto triplete.

El Olympique bate récords, uno detrás de otro, al tiempo que agota adjetivos y tumba rivales, que tienen que afanarse en encontrar motivos para el consuelo. Apenas los encontró ayer el Barcelona, más allá de haber disputado su primera final. Pero ese logro ya lo tenía tras su excepcional semifinal frente al Bayern.

En Budapest estuvo muy lejos de repetir resultado pero también imagen. Y no sólo porque el Olympique sea muy superior al equipo alemán, que también, sino porque el propio conjunto blaugrana estuvo por debajo de lo que ofreció ante el Bayern. Nervios, presión, error de cálculo..., la sensación es que las francesas, tras haber sufrido de lo lindo en semifinales ante el Chelsea, se encontraron demasiadas facilidades. Y no las necesita un equipo que con media ocasión hace dos goles.

Lamentablemente, el Barcelona lo comprobó de inmediato. Le interesaba un partido largo y cerrado, parecidos a los que había disputado la temporada pasada ante el mismo rival, pero empezó blando y desconcentrado. ¿Resultado? Que a los cuatro minutos Duggan enviaba fuera por poco un balón cruzado y que medio minuto después a Sandra Paños le caía el primero. Y lo hacía exactamente como podía temerse, conociendo al Olympique y viendo a Van de Sanden en el once titular: balón largo de M’Bock Bathy para la carrera de la holandesa, centro al corazón del área y remate de Marozsàn que, en un partido tan especial para ella –nació en Budapest–, abría el marcador. El gol le sentó falta al equipo de Lluis Cortés que, para colmo, recibió uno casi idéntico diez minutos después. Recuperó Bronze, centro Van de Sanden y remató Hegerberg, gran protagonista del choque junto a la internacional holandesa, que prácticamente repetía su papel en la final de la temporada pasada ante el Wolfsburgo, aunque entonces fuera entrando desde el banquillo.

El Olympique estaba lanzado. Y el Barcelona tan noqueado que ni siquiera se veía capaz de evitar una goleada no ya histórica, sino totalmente vergonzante. En el 19 le caía el tercero, en otra jugada parecida a las anteriores, aunque el balón esta vez llegaba desde la izquierda y con la firma de Majri para que Hegerberg colocara el 3-0 con una bonita volea. La noruega seguía campando a sus anchas en el área y las alfombras rojas colocadas en las bandas. Y así volvió a golpear el campeón. Se cumplía la media hora cuando Henry abrió para que Bronze asistiera desde la derecha el cuarto gol de su equipo, tercero en la cuenta de Hegerberg, de la que tan a menudo se critica su menor aportación goleadora en los partidos decisivos.

Puede que el Olympique dijera basta, aunque es difícil de creer en un equipo que no pone límites a su ambición ni reparos a apisonar rivales. Así que ese mérito sí que habrá que concedérselo a las culés que, superada la media hora, volvieron a dar señales de vida. Los acercamientos al área de Paños perdieron frecuencia y claridad y el Barcelona incluso llegó a amenazar la portería francesa, con un córner que Putellas cabeceó por encima del larguero.

El cambio se prolongó tras el descanso. El equipo de Pedros asustó un par de veces más pero era evidente que el récord de goles en una final no le seducía en exceso. Las catalanas lo aprovecharon para intentar jugar como no habían podido hacerlo, aunque no pudieron ilusionarse realmente con el gol de la honrilla hasta que Assisat Oshoala, la jugadora de su plantilla con más capacidad de lastimar a cualquier rival, saltó al césped.

Tampoco es que Bouhaddi llegara a sufrir y, de hecho, apenas tuvo que intervenir, pero al menos el balón pasó bastante más tiempo en el área. Con el tiempo ya muy cerca de agotarse, la jugadora nigeriana aprovechó un balón de Martens para anotar el definitivo 4-1.