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Los privilegios de Greta


Es normal que la desconfianza sea el sentimiento preventivo con el que se aborde todo lo que rodea a la activista por el clima Greta Thunberg. Se trata de una mujer joven, nacida en una familia acomodada en un país del primer mundo, con un discurso ecologista apasionado y radical, excéntrica en su modo de vida y que parece haber sido lanzada de la nada a las portadas. Parece, en fin, un buen producto de marketing, así que es normal preguntarnos qué trata de vendernos.

Ese es un primer juicio natural, sí, pero el hecho es que Greta Thunberg lleva ya mucho tiempo explicándose por sí misma. Y yo no sé si hay gato encerrado en su personaje o en su éxito mediático ni me interesa demasiado. Lo que sí sé es que en sus discursos se encuentran las advertencias más crudas y comprensibles sobre el desastre mundial inminente al que nos lleva la depredación capitalista. Sé que se planta ante los líderes mundiales y les dice que sus planes de crecimiento económico eterno son simplemente «cuentos de hadas».

Ayer Thunberg y otros jóvenes activistas comparecieron ante la prensa en Madrid. Pidieron que se escuche a los científicos y que los gobiernos tomen medidas urgentes contra la emergencia climática. Hablaron contra las empresas energéticas, a las que acusaron de ser responsables de la crisis. También pusieron el acento en el colonialismo como la razón de la situación extrema y en la desigualdad. Estas palabras fueron retransmitidas por todos los medios alrededor del mundo.

Según Global Witness, en 2018 hubo 168 ecologistas asesinados. En su mayoría eran personas no blancas, del Sur global y miembros de comunidades indígenas. Claro que cualquiera de ellos podría merecer mucho más los focos que Greta Thunberg. Claro que hay racismo y clasismo en el interés que despierta la sueca en detrimento de otros activistas. Pero esta joven, blanca y acomodada, ha utilizado sus privilegios para llevar el potente mensaje del movimiento ecologista mundial. Y eso, su mensaje y su compromiso, es por lo que deberíamos juzgarla y no por ninguna otra cosa.