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sonorización e iluminación, un sector acallado y sin luz

La precariedad que ya padecían las empresas encargadas de la producción técnica, sonorización e iluminación de diversos actos culturales, políticos o lúdicos, se ha acentuado y destapado con la crisis del coronavirus. Empresas como Kric Krac o Soinueder han visto cómo se cancelaban durante el confinamiento todos los actos que tenían en la agenda.


Ni conciertos, ni teatro, ni festivales, ni fiestas populares, ni actos callejeros. Las empresas de sonorización e iluminación se han quedado prácticamente sin trabajo durante los meses de confinamiento, y todo apunta a que la remontada será paulatina.

Patxi Pascual, de la empresa Kric Krac de Bilbo, cuenta que las primeras noticias ya antes de establecerse el confinamiento obligatorio fueron «funestas»: «Ya estábamos mal, porque somos una empresa pequeña, nunca salimos a flote. Es una empresa de supervivencia. Al principio, la cabeza estaba a mil por hora y no teníamos ningún tipo de subvención. El desconcierto fue completo».

Poco a poco, consiguió la ayuda para autónomos y, como dice él, empezó «el caminito hacia la solución». A pesar de ello, destaca que además de no tener ingresos durante el confinamiento, los gastos se mantuvieron, y que lo «único positivo» de la situación fue que el local de la empresa estaba pagado.

Por ello, Patxi Pascual, consciente de que «no dan nada gratis», exige trabajo y no tanto ayudas. Trabajo e inversión en la «educación de la cultura», pues considera que a día de hoy, la apuesta de las instituciones por la cultura es «nula», excepto para grandes festivales, como el BBK Live, «que se llevan millones». «Hay que realizar una política de gestión para las artes escénicas, para que el público se acostumbre a ver estos eventos y estar ahí», reclama, y arguye que si se invierte en la educación de la cultura, dentro de unos años los teatros no necesitarán subvenciones, porque contarán con mucho público. «Muchos creen que es un gasto inútil, cuando en realidad es una inversión», dice.

Pascual apunta que algunos de los actos que tenían previstos cubrir se aplazaron, y este caso, no se ofrece ningún tipo de compensación que se podría reclamar en caso de cancelación. «Todo lo aplazaron para octubre –comenta–, y yo me pregunto: ¿Octubre tiene 92 días? Porque no hay manera de encajar todos nuestros bolos para setiembre y octubre».

No es la primera crisis que Kric Krac tiene que superar, ya que cuenta con una larga trayectoria: se fundó en 1987. La crisis de 1995, la de 2008, y ahora la crisis del coronavirus. «Llevo muchos años de sufridor», dice.

En Soinueder, según cuenta el técnico de producción Mikel Moreno, también se dieron cuenta de que los actos importantes se suspenderían antes del confinamiento. «Muchas cosas que teníamos previstas se cancelaron, incluso la campaña electoral», apunta.

Por ello, se anticiparon a la situación y empezaron a trabajar en el streaming profesional, en producciones por internet, un trabajo que podían hacer desde casa. «Más adelante, combinamos trabajos presenciales y proyectos vía streaming», cuenta Moreno.

Soinueder ofrece el servicio integral de todos los actos, no solo se encarga de la sonorización e iluminación, también se encarga de la contratación de grupos de música –por ejemplo–, el montaje del escenario y, a partir de ahora, la desinfección y organización del espacio según las medidas de prevención por la covid-19.

En este sentido, Patxi Pascual se pregunta cómo se compensarán las reducciones de espacio –en un teatro, por ejemplo– y aforo para la prevención del coronavirus, ya que los técnicos, con un teatro al 100% o con la limitación al 50%, «tienen que trabajar igual o parecido», y «ni los técnicos ni los artistas» estarían dispuestos a cobrar la mitad del presupuesto del evento.

Nueva normalidad, misma precariedad

«La que llaman la ‘nueva normalidad’ me suena muchísimo a lo que estábamos viviendo antes del confinamiento», critica Patxi Pascual. Considera que para «callar» a la gente se darán algunas ayudas a la cultura, pero que no habrá una inversión real, y las cosas se están haciendo «igual de mal» que antes.

«El problema no es de ahora, viene de mucho antes. Esto viene de la dejadez de las instituciones respecto a las artes escénicas», comenta Pascual. «Esto es como la sanidad. Si hace años hubo un recorte increíble y las instituciones lo privatizaron todo, ahora se ven las consecuencias. Y con las artes escénicas pasa algo parecido, las consecuencias de todo esto ya se están viendo», advierte.

«Para mí no sólo es la precariedad en la cultura, a veces solo hablamos sobre la cultura, pero yo hablaría de los eventos en general», apostilla Mikel Moreno: «Para nosotros, el problema es que no somos un sector reconocido y eso genera disfunciones. No hay una legislación específica para lo que hacemos nosotros, y esto lleva a la precariedad, porque las condiciones están fijadas para personas que trabajan en una fábrica. Nosotros trabajamos en espacios distintos, con horarios cambiantes. Por ejemplo, un concierto de dos horas requiere de un montaje de seis horas, de más horas de prueba, y aquí esto no está legislado».

Dice que si hubiera un convenio profesional para este sector, cuando cualquier institución publica sacara una licitación, se establecerían varias condiciones laborales pudiendo dignificar a los trabajadores y las trabajadoras de producción, sonorización e iluminación. «Lo que pasa ahora es que se saca una licitación por una cantidad de dinero, y para que ese trabajo sea viable económicamente un trabajador tiene que hacer una jornada doble. No hay una cláusula que diga que este trabajo tiene que hacerse en dos jornadas», explica.