GARA Euskal Herriko egunkaria

Hoy me retiro un poco


Esta no es la despedida de Matusalén, aunque a la luz de lo visto y vivido bien pudiera parecerlo. Es la despedida de aquel joven que en marzo de 1984 –ya son años – se sumó al esfuerzo colectivo de ‘‘Egin’’, aquel imprescindible proyecto informativo nacido de la voluntad popular. Por y para el pueblo.

En ‘‘Egin’’ aprendió periodismo del bueno. De la mano de excelentes profesionales como Azurmendi, Erauskin, Salutregi y tantos otros que quedan en el tintero y en el alma.

Y en ‘‘Egin’’, en tiempos difíciles, sufrió lo indecible cuando cayó Pakito en El Salvador y Santi en su consulta; cuando mataron a Galdeano en Urdazuri y a nuestro Josu en el hotel Alcalá. Y es que hacer periodismo honesto en condiciones extremas no es tarea fácil. Se llora mucho.

Y así pasa el tiempo. Treinta y seis años es casi una vida y servidor los ha dedicado en cuerpo y alma al honroso trabajo de informar y opinar. También a entretener, que es tarea gratificante para la concurrencia.

Casi cuatro décadas de alegrías y alguna tristeza –no hay moneda de una sola cara– me han dado la impagable ocasión de conocer gente maravillosa y aprender a distinguir a un malandrín de alguien honesto, aunque piense diferente.

También en otra etapa, al frente de la Diputación, me tocó vivir dulzuras y amarguras y conocer, tratar y trabajar con gentes extraordinarias. Cuatro años, sin duda enriquecedores, a modo de paréntesis en una vida plena de periodismo. Y como repetía Indurain: ahí hemos estado.

Luego vino Garzón y se complicó la cosa.

El malhadado, bien pagado por cloacas y palacios, agasajado por el que se acaba de fugar, aplaudido por atutxas y ardanzas, quiso romperlo todo, destrozar lo edificado por un pueblo. Y, al final, fue él quien se rompió la crisma al chocar con “Euskadi Información”, un ejemplo de trabajo colectivo que puso los peldaños para que GARA subiera la escalinata de las grandes marcas del periodismo.

GARA ha sido, es y será mi casa, la que construimos entre todos; la casa que nos cobija a cuantos soñamos con un futuro de paz, de izquierda solidaria, de independencia, feminismo y ecología radical.

Hoy me retiro un poco. Son muchos años y hay que saber hacerse a un lado para que nuevas generaciones, nuevos valores, sigan con la tarea emprendida por aquellos jóvenes entusiastas –tal vez un tanto temerarios– que no dieron el brazo a torcer en el pulso con un Estado naturalmente fascista que nos negaba como pueblo y nos oprimía como clase.

En realidad no me voy. Aquí sigo con mis ilusiones y sueños intactos, pero dejo mi mesa y mi máquina de escribir a los que vienen con fuerzas renovadas dispuestos a empujar en este empeño.

No me voy porque quien quiera sabrá donde encontrarme y contará con mi modesta aportación donde quiera que sea. Lo dijo bien claro Sarrionandia: «Nekez uzten du bere herria sustraiak bertan dituenak».

Os dejo con la satisfacción de ver GARA en el quiosco y NAIZ en la pantalla. A quienes han leído algo que haya escrito en todo este tiempo solo os puedo dar las gracias, y a mis compañeras y compañeros, un abrazo y un beso.

EGIN genuelako GARA.

Martín GARITANO LARRAÑAGA

(También firman este artículo Maite Soroa, Kepa Jauregi, Ainhoa Irulegi, Olaso… y muchos más)