28 AOûT 2020 DE REOJO Fuerza Raimundo Fitero A la fuerza ahorcan. La fuerza es algo más que un concepto físico, se trata de una concreción de dominio, por eso se llaman cuerpos y fuerzas y se le añade lo de seguridad para contribuir al engaño, a la farsa. Es la fuerza empleada para reprimir a la ciudadanía, para establecer los controles adecuados, para incubar los miedos que hace que nadie sea desobediente, ni rebelde, y mucho menos que cuestione los valores constitucionales que forman parte de la mixtificación de esos papeles que siempre redactan las clases dominantes apoyadas en la fuerza de los ejércitos, los bancos y las iglesias y credos. La fuerza, se recalca siempre, es una exclusiva del Estado, que quiere decir que son ellos los que pueden darte en la boca sin que te puedas quejar. La violencia es una manera obvia y desinhibida de ejercer esa fuerza, y lo vemos con una cotidianeidad que empieza a ser lacerante con el racismo salvaje que anida en las policías de USA, con esa última barbaridad retransmitida de pegarle seis tiros a alguien que está desarmado. Y crecen las protestas, los movimientos antirracistas y la represión es de una contundencia bestial, con despliegues que parecen exhibiciones. Y se añaden muertos al discurso, pero siempre del mismo lado. Por eso es de resaltar la fuerza de los jugadores de baloncesto de NBA y de una tenista, que han suspendido sus partidos, con aviso serio de que no se llegue a celebrar el final del campeonato para protestar, una vez más, de tanto racismo estructural violento, realizado sin reparo a la vista de la ciudadanía, consentido de manera cínica por las administraciones y los políticos y que parece haber superado cualquier índice de tolerancia. La fuerza de los deportistas famosos para influir en su entorno se torna en este caso de una entidad política ejemplar y contagiosa, una suerte de punta de lanza.