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IRUñEA, SUS AGUAS Y EL MISTERIO DE LAS FUENTES CON CABEZA DE LEÓN

Unas jornadas sobre patrimonio organizadas por Nabarralde han puesto de relieve el origen de las fuentes con cabeza de león durante el repaso a las distintas fórmulas de abastecimiento de agua que se han empleado en Iruñea. Del río y el pozo, a la fuente y el grifo.


Hasta finales del siglo XVIII, Iruñea se surtía de agua a través del río Arga, aunque también lo hacía del Elortz, y de sus pozos. Como comenta Víctor Manuel Egia, médico y estudioso del patrimonio de Iruñea, que conoce al detalle cómo ha sido la historia del agua en la ciudad, ya en el siglo X se decía que en la ciudad «había tantos pozos como días tiene el año» y un catálogo de 1870 vino a dar la razón al dicho popular, ya que contabilizó 346, muchos de los cuales se conservan, como «en el Condestable o en Napardi».

Además de los numerosos pozos, Iruñea contaba con dos manantiales. Uno de ellos se encontraba debajo del actual emplazamiento de la Plaza de Toros, lo que se llamaba Fontana Viella y que, a través de una conducción, en el siglo XVI llevaba agua hasta la fuente de Santa Cecilia, que se encontraba en la confluencia de las calles Curia, Calderería, Mercaderes y Mañueta.

El otro manantial importante era Iturrama, como ya su nombre en euskara indica. Se encontraba hacia la confluencia de la calle Serafín Olave con Fuente del Hierro y desde ese punto se abastecía a fuentes como las de San Antón, plaza del Consejo o la situada cerca de San Lorenzo.

A pesar de contar con estas fórmulas de abastecimiento, en el siglo XVIII, al calor de la Ilustración, se produjo un desarrollo del urbanismo de las ciudades al que Iruñea no fue ajena y que supuso una modernización de la gestión del agua.

Así, en 1767 se realizó la red de saneamiento. Hasta entonces, las aguas sucias se tiraban por la ventana al grito de «¡Agua va!» e incluso había normativa sobre a qué hora se podía tirar esas aguas sucias.

Pero no bastaba con desprenderse de la sucia, sino que se necesitaba más agua limpia y con ese objetivo se acometió la traída de aguas desde Subitza, completada en 1797. Fue un proyecto «muy importante que realizó un arquitecto francés y que después modificó un poco Ventura Rodríguez, el mismo arquitecto que hizo la actual fachada de la catedral. «El fue el diseñador, aunque el que lo hizo fue Santos de Ochandategi, de Durango», explica el estudioso del patrimonio de Iruñea.

Dentro de la conducción desde el manantial, que está en la ladera de Erreniega, y como infraestructura más importante de ese proyecto, figura el acueducto de Noain. Egia detalla que «el agua venía a Iruñea por gravedad. Pasaba por Noain, seguía por detrás de las Mutilvas hasta llegar a la parte inferior de Mendillorri a la Fuente de la Teja. De ahí pasaba por la Media Luna y entraba en la ciudad por el Baluarte de la Reina. El depósito estaba en el emplazamiento de la actual iglesia de San Ignacio y desde ahí, se llevaba a la diferentes fuentes. Entonces se construyeron las cinco famosas fuentes diseñadas por Luis Paret».

Este refuerzo del abastecimiento de agua de Iruñea consiguió aportar suficiente suministro a la ciudad durante un tiempo, hasta que cien años después llegó el momento de mejorarlo. A finales del siglo XIX, ya tenía más de 20.000 habitantes, que contaban «con váteres, pero no había agua corriente y era necesario acudir a las fuentes para conseguirla», señala Egia.

La solución fue traída de aguas desde Arteta, que se inauguró durante los sanfermines de 1895. Esto supuso que ya se pudieran instalar grifos en las casas, ya que aportaba agua en cantidad y presión suficiente para subir a los hogares.

Al llegar la década de los 60 del siglo XX, una vez más, el incremento de población de Iruñea hizo que se buscaran más fuentes de suministro. Entonces fue cuando se decidió construir el pantano de Eugi, que fue levantado entre los años 1968 y 1973, y se ampliaron los depósitos de Mendillorri. Desde entonces, la ciudad se abastece con el agua de Arteta y de Eugi, a la que se ha sumado en ocasiones la del pantano de Itoitz.

De Paret al león «escocés»

Aunque algunas ahora ya tienen un componente especialmente ornamental, sin perder su esencia de saciar al sediento, las fuentes siguen estando muy presentes en el paisaje de Iruñea, como huella de una época en la que eran vitales.

Así, cuando se produjo la traída de aguas de Subitza, se consideró necesario incrementar el número de surtidores de la ciudad, ya que las fuentes que existían eran «pocas y pequeñas», señala Egia. Entonces es cuando se encargó hacer una serie de fuentes a Luis Paret. El elegido era conocido por haber sido pintor de la Corte del rey español Carlos III, pero, tras caer en desgracia, fue desterrado en Puerto Rico y después recaló en Bilbo.

Ventura Rodríguez, que entonces estaba inmerso en la traída de aguas de Subitza, conocía a Paret y por ese motivo, fue elegido para que diseñara cinco fuentes, que fueron realizadas hacia 1796.

Una de ellas estaba en la plaza del Castillo y era la fuente de la Beneficiencia, ya que estaba coronada por una estatua alegórica de esa figura. Se mantuvo en ese lugar hasta 1912, cuando «para adecentar la plaza», como se dijo en la época, fue derruida. Se conservó la estatua, conocida también como la Mari Blanca, que tras pasar por la plaza de San Francisco, terminó en la Taconera, donde todavía se encuentra.

Otra fuente de Paret fue proyectada para ser instalada en la plaza del Consejo, frente al palacio de Guendulain. En esa época, el alcalde de Iruñea era precisamente el conde de Guendulain, quien al ver la fuente que se estaba instalando, le gustó tanto que se la llevó al interior de su palacio, donde todavía se conserva, sin que se sepa «si pagó o no por ella, no hay constancia documental», desvela el estudioso del patrimonio de Iruñea. Como sustituta, se instaló en ese lugar la que iba a ser ubicada en la Taconera, es decir, la fuente de Neptuno niño, que sigue en esa plaza.

La cuarta fuente es la que se encuentra en la plaza de las Recoletas. En principio iba a ser instalada en la plaza de la Fruta, la actual plaza Consistorial, pero el obelisco que la adorna iba a resultar demasiado grande y se terminó ubicando en la plaza donde ahora se encuentra, pero más cerca de la fachada de la iglesia de San Lorenzo, hasta que fue movida y ubicada en su actual emplazamiento.

Y el quinto surtidor de Paret es el que está en Navarrería. Inicialmente se instaló en la plazuela de Santa Cecilia, en la confluencia de Curia, Calderería, Mercaderes y Mañueta, donde estuvo hasta 1912, cuando fue trasladada al lugar donde se encuentra.

Por su parte, la fuente de metal que actualmente está en la Taconera se puso en el patio interior del mercado, pero era muy grande y salpicaba, y finalmente fue trasladada. Fue instalada ante el Palacio de Diputación, donde permaneció hasta que se construyó en ese emplazamiento el Monumento a los Fueros. Entonces se llevó a la Taconera para ser ubicada en el espacio que actualmente ocupa el Monumento a Gayarre. Precisamente la construcción del mismo hizo que en los años 50, esta particular ‘fuente viajera’ fuera ubicada en su actual emplazamiento.

En este recorrido por los surtidores de Iruñea, no podía faltar una referencia a las fuentes del león, «tan características de la ciudad y que se consideran autóctonas, pero no es así», aclara contundente Egia.

Las fuentes originales del león en realidad provenían de Escocia. «Se compraron en 1896 en París, pero eran una patente escocesa, de Kennedy&Glenfield. Se trajo una y se probó. A los tres meses se compraron 12 más y algunas de ellas todavía existen, cuatro en concreto. Una incluso se encuentra en su lugar original, delante del hotel Pamplona Catedral, en la calle 2 de mayo. Otra de esas primeras fuentes escocesas está en el Vergel, en un aska; otra curiosamente en el patio del instituto Iturrama y la cuarta junto al lago de Mendillorri», detalla el estudioso del patrimonio. Son fáciles de identificar, ya que en el pie figura el nombre de la empresa escocesa.

Si solo se compraron 13, ¿cómo se multiplicaron esos surtidores del león? La explicación consiste en que en los años 50 se hizo un modelo en la fundición de Sancena, en Arrotxapea, donde se forjó en serie y entonces empezaron a aparecer en muchos parques de la ciudad, de tal manera que ahora hay cientos de aquellas fuentes del león, «que no son únicas de Iruñea, porque hay en muchos lugares de Inglaterra, de Irlanda, incluso en las islas Malvinas. Ni son exclusivas de Iruñea, ni son autóctonas, ni se pintaban de verde, sino que eran grises de hierro fundido», concluye Egia, desmontando todo un mito iruindarra sobre el abastecimiento del agua de la ciudad.