10 NOV. 2021 DE REOJO Sandino Raimundo Fitero A veces hay que recurrir a la referencia histórica porque es muy posible que muchos de quienes lean estas líneas no hayan vinculado el título a un revolucionario nicaragüense, César Augusto Sandino, que defendió la soberanía, independencia y libertad de su país contra el ejército de ocupación estadounidense en su tierra. Fue asesinado, inspirador del Frente de Liberación Sandinista, que tomó el poder tras una lucha armada en 1979. Desde entonces muchas fueron las glorias de aquella revolución acosada, y muchos los desalientos que se han ido acumulando tras su evolución a partido político y desde hace unos años, convertido todo en una extrañeza con tintes autoritarios con el matrimonio Daniel Ortega y Rosario Murillo. Ver a estos dos personajes en sus declaraciones tras los resultados muy poco creíbles después de un proceso electoral que tiene todos los requisitos para ser sospechoso, con el encarcelamiento de los otros candidatos opositores y otras tropelías, nos colocan ante una imagen patética. Es como si esa pareja representara una reproducción de todos los caudillos centroamericanos, como si se hubieran convertido en lo que combatieron en aquellos gloriosos años revolucionarios. Es como si todo fuera una gran mascarada, una acción performativa, una parodia, pero resulta que estamos ante una realidad entrecruzada de rabia y estupor. Nicaragua, Nicaragüita, quién te ha visto y amado tanto y quién te ve. Ortega estuvo en primer plano en los años gloriosos, pero su deriva ha sido dolorosa, involucionista, una caída libre hacia posturas irredentas, de culto a la personalidad, de abuso de poder, de llevar a su pueblo a una situación de difícil retorno. Estas actitudes queman etapas, arrasan con las ilusiones de regeneración, atrasan las citas con el futuro esclarecedor. Si Sandino levantara la cabeza.