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CRÍTICA «MIA Y YO: LA LEYENDA DE CENTOPIA»

Autodescubrimientos en un mundo mágico


Además de inspirar una serie animada que alternaba personajes de carne y hueso, la saga literaria creada por Gerhard Hahn cuenta con esta prolongación cinematográfica que permite aglutinar varios de los originales literarios escenificados en el territorio fantástico de Centopia, un enclave habitado por elfos y unicornios, cuya estabilidad siempre corre peligro. A este lugar llega mediante la magia la protagonista de esta película que, en su vida real, tiene que soportar las burlas de una compañera de clase muy snob.

Una vez más, los males que se escenfican en institutos sirven como excusa para que la trama derive hacia territorios fantásticos, una excusa muy manida que debería ser tratada de una manera mucho más original y directa porque en el mensaje de la trama lo único que se destaca es que es necesaria la fuga a estos lugares imposibles para buscar refugio y eludir los problemas que surgen en nuestra mecánica cotidiana.

Dejando a un lado la intencionalidad del filme, tampoco en “Mia y yo: La leyenda de Centopia” encontramos demasiados elementos a destacar, a pesar de que no sea una producción que haya contado con excesivos recursos. De colores y formas tan chirriantes como estilizadas, la película relata la odisea de una joven que sacará buen partido del regalo que le hizo su padre, un libro que se transforma en la puerta de acceso a un mundo mágico cuya arquitectura parece inspirada en Picasso y en las estructuras menos oscuras de Tim Burton. A lo largo de la aventura que protagoniza Mia, se asoman monstruos y aliados que le ayudarán a llevar a cabo un viaje con reminiscencias iniciáticas y cuyo sentido último es su autodescubrimiento.

El ritmo que imponen Adam Gunn y Matthias Temmermans a ratos resulta excesiva y atropellada, los personajes de la película no gozan de un buen acabado, sus personalidades son demasiado planas y sus acciones se revelan en ocasiones de manera muy forzada.

En su conjunto, todo queda supeditado al éxito de la saga literaria y su cometido es el de satisfacer a las jóvenes generaciones que disfrutan con sus criaturas fantásticas.