30 AOûT 2022 30 AÑOS DE LA PREMIER LEAGUE (Y II) Reencuentro de Guardiola y Klopp, Leicester y el «Big 6» El Leicester de Claudio Ranieri, con un grupo de futbolistas desconocidos por la gran mayoría, se hizo con un hueco en un territorio vedado por el «Big6» y consiguió uno de los mayores hitos del deporte global. El reencuentro entre Guardiola y Klopp, tras sus duelos en la Bundesliga, también ha levantado pasiones entre los aficionados. En la foto de la primer página, el Leicester celebra con sus aficionados la liga cosechada en la temporada 2015-2016. Sobre estas líneas, saludo entre Jurgen Klopp y Pep Guardiola. (AFP - EUROPA PRESS) El Manchester United logró la Premier de 2011, pero la llegada de un gran triunfo para sus vecinos del City era cuestión de tiempo. Con la meta de ser campeones, Mancini reclutó a Dzeko primero y a Agüero después. Ambos fueron clave en un recordado instante. Los skyblues necesitaban la victoria ante el QPR para alzarse con el título de 2012, pero perdían por uno a dos en el descuento. Y ahí es donde aparecieron el bosnio, para empatar, y el argentino desatando la locura. Ese mismo año, el Chelsea sorprendió ganando la Champions ante el Bayern en Múnich. Ferguson no se dio por vencido y decidió dejar el banquillo del Manchester United tras 27 años a su manera: venciendo la Premier League 2012-2013. Tal y como recuerda Álvaro Romeo, el escocés «siempre terminó por reír el último con todos sus adversarios como Keegan, Wenger, Mourinho, Ancelotti o Mancini». Se fue Fergie y volvió Mou, para ganar el campeonato de 2014 con el Chelsea. LEICESTER CITY: LA CENICIENTA La temporada 2015-2016 el Leicester City dirigido por Ranieri protagonizó una de las mayores sorpresas de la historia del deporte al conseguir, contra todo pronóstico, el título. Antes de empezar, las apuestas pagaban 5.000 libras por cada euro apostado en pro de que los foxes se alzarían con la Premier. El técnico italiano contaba con un elenco de futbolistas que aunaban el hecho de ser casi desconocidos para el gran público, habían tenido una trayectoria errante o acumulaban un historial problemático. Tras apenas perder dos partidos en toda la primera vuelta, los de Ranieri se situaron en lo más alto, pasando a ser la cenicienta en un territorio vedado por el “Big 6” formado por Arsenal, Chelsea, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham. Todos esperaban que los foxes cayesen. Nada más lejos de la realidad, el Leicester completó una utopía casi irrepetible. Durante su primera etapa como presidente del Barcelona, Joan Laporta aludía al «círculo virtuoso» que permitió a su equipo ser la principal referencia futbolística. Un éxito en el que tuvieron una vital importancia Ferran Soriano, Txiki Begiristain y Pep Guardiola, trío que el Manchester City volvió a juntar en 2015 con el deseo de dominar el fútbol inglés y conseguir la primera Champions de la entidad. Desde entonces, los skyblues han logrado cuatro ligas, sumando 100 históricos puntos en 2018, de las siete disputadas. Sin embargo, la orejona se le resiste, en 2021 disputó la final, pero les ganó el Chelsea. Precisamente, el equipo londinense, de la mano de Antonio Conte -que ahora rivaliza con los blues desde el Tottenham- se impuso en la Premier de 2017. También en Londres, poco antes, Arséne Wenger decidió dejar el banquillo del Arsenal tras 22 años que cambiaron por completo la historia de los gunners. Su sustituto fue Unai Emery, que pese a llevar al equipo a la final de la Europa League en 2018, perdida ante los vecinos del Chelsea, fue relevado por Mikel Arteta. El otro gran nombre propio ha sido el de Jurgen Klopp. El alemán, que había triunfado en el Borussia Dortmund, firmó por el Liverpool en otoño de 2015 con la intención de llevar su estilo heavy a la ciudad de los Beatles y lo ha conseguido. Bajo una firme estructura en la que Ian Graham, Michael Edward y Julian Ward han sido claves, el primer éxito fue llegar a la final de la Europa League en 2016, aunque el título fue para el Sevilla. Posteriormente, llegaría la Champions perdida ante el Madrid con los errores de Karius y la chilena de Bale. Las llegadas de Allisson, Van Dijk, Wijnaldun, Firmino, Mané y Salah, las irrupciones de Robertson, Gomez o Alexander-Arnold y la solvencia de Henderson y Milner fueron determinantes para conformar un gran equipo de Europa. La ansiada Champions llegó en 2019 y la Liga, después de 31 años, en 2020. BREXIT, SUPERLIGA Y RETOS Tras el referéndum celebrado el 23 de junio de 2016, el 51,9% de los votantes apoyó que el Reino Unido abandonase la Unión Europea. Tras un convulso y peliagudo proceso de transición, el Brexit se ejecutó de forma definitiva el 31 de diciembre de 2020. Un contexto que coincidió con la pandemia derivada del coronavirus, llenando el panorama, también deportivo, británico de incertidumbres. 19 meses después, la Premier League sigue siendo el campeonato más poderoso del mundo. Corrigan remarca que «por ejemplo, el Aston Villa o West Ham pueden robar fácilmente jugadores de casi todos los clubes de La Liga, la Ligue 1, la Bundesliga o la Serie A». No obstante, el corresponsal de The Athletic apunta que el poderío económico no se ha traducido en una superioridad deportiva aplastante a nivel continental: «Es interesante ver cómo los clubes de la Premier no dominan totalmente la Champions, aunque hayan llegado a tener a los dos finalistas, ya que por el dinero invertido deberían de tener un mejor récord. La temporada pasada, por ejemplo, el City y el Chelsea eran superiores en casi todo al Madrid, pero les faltó algo de historia o cultura para ganarle». La competición tiene un impacto y expansión global, Romeo explica que «en talkSPORT emitimos la Premier para el resto del mundo en inglés, español, chino y suajili. También hemos llegado a hacer narraciones en francés y varios idiomas del sudeste asiático. Hay hambre de Premier League». En agosto de 1992, la media de asistencia en los estadios rondaba las 21.000 personas por partido, actualmente se ha duplicado y superado holgadamente la barrera de las 40.000. McParlan subraya que «el gamberrismo está bien controlado, los estadios son seguros y hay muchas más familias y mujeres que acuden a los estadios. Sin embargo, los precios de las entradas han subido demasiado para la clase obrera y muchos no tienen suficiente dinero para ir a los partidos. La clase media y los hinchas turísticas son los que llenan los estadios de Manchester United, Arsenal o Liverpool». En ese sentido, Corrigan remarca que la sociedad ha ido por delante de las instituciones a la hora de fomentar una mayor integración y diversidad en los campos: «Esto ha sido un fenómeno más cultural, debido a una sociedad más abierta y globalizada, especialmente en Londres, que un trabajo de las autoridades». El impacto también es palpable en las redes sociales. Computando los seguidores, el Manchester United supera los 170 millones, el Chelsea los 110, el Liverpool los 106, el Manchester City los 95, el Arsenal los 82 y el Tottenham los 46. Todos ellos forman el “Big 6”, el selecto grupo que el 19 de abril de 2021 formó parte de los 12 clubes europeos que fundaron la Superliga. Una competición que se desmoronó horas más tarde, después de que los hinchas ingleses protestasen e incluso parasen el autobús del Chelsea. Algunos de los impulsores de la Superliga batallan en los tribunales y mantienen la codiciosa idea celosamente guardada en busca de un contexto más favorable. Lo que sí ha percibido Romeo es que «en los últimos años sí que se nota que empieza a abrirse una brecha considerable entre el interés que genera el “Big 6” y el resto. Supongo que será un signo de los tiempos». Algo que no enoja a McParlan que remarca que «para clubes como el Everton hay cada vez menos posibilidades de ganar la liga, la FA cup o de jugar Europa. Su papel ahora es tratar de seguir en la Premier, ganar una de las copas domésticas y conseguir un puesto en la Europa League». El dinero procedente de los acuerdos televisivos, según señalaba recientemente el diario italiano La Gazzetta, es un montante que iguala lo que consiguen las otras grandes ligas juntas. Romeo cree que «debe seguir creciendo linealmente. No se puede estimar dónde está exactamente el límite de la explotación de los derechos de TV, quizá la Premier esté cerca del tope que se puede pagar por unos derechos audiovisuales». Otro manantial de ingresos procede de los propietarios, buena parte de ellos procedentes de fuera del Reino Unido y que también disponen de franquicias en el deporte estadounidense o de holding que disponen varios clubes por todo el mundo. Corrigan subraya que «casi todos tienen dueños extranjeros: los del Arsenal, United o Chelsea son americanos; los del Leicester son de Tailandia; el del Forest es griego; en el Everton han invertido desde Irán y Rusia; y en el Aston Villa desde China. Los clubes han mantenido bien la conexión con los hinchas locales, pero el dinero viene cada vez más desde fuera». McParlan, lacónicamente, lamenta que «el sueño de muchos evertonianos es que un rico compre el club en el futuro, pasa lo mismo en otros clubes». Cuestionados por los retos a los que se enfrenta la Premier League de cara el futuro, Corrigan alerta de que «de alguna manera, los fans locales ahora forman parte de un producto televisado para otros y es algo que quizá pueda ser problemático en el futuro». En ese sentido, McParlan propone que «se debe de poner un limite en lo que un club puede gastar en sueldos o fichajes, algo parecido al modelo de la NFL, tratar de controlar el poder de los dueños del “Big 6”, cada club debe escoger, al menos, a 5 jugadores ingleses para ayudar a la selección y es imprescindible reducir los precios de las entradas al estadio, sobre todo, para los jóvenes». Romeo amplía el foco y remarca que «el mayor reto que se le presentará a la Premier League será de carácter social o ético. Es incompatible una liga que se declara respetuosa con los derechos del colectivo LGTBIQ+ y apoya el movimiento Black Lives Matter, aunque a la vez acepta la compra del Newcastle por parte de Arabia Saudí. Estos dilemas morales no parecen afligir en exceso a nadie, pero las sociedades son cambiantes y desconozco cuánta conciencia social tendrán los dirigentes del futuro».