15 SEPT. 2022 CRÍTICA: «EL COLEGIO DE LOS ANIMALES MÁGICOS» Criaturas fantásticas y aulas mágicas Koldo LANDALUZE DONOSTIA El imaginario de niños y seres fantásticos que habitan las novelas de la autora alemana Margit Auer le han llevado a ser comparada con la británica J. K. Rowlings. Una comparativa que incluso añade un colegio inusual, llamado Winterstein, en el que sus jóvenes alumnos reciben un animal que tiene la facultad de hablar pero que solo se unirá a su acompañante humano si este realmente lo necesita. El arranque de esta adaptación de la novela homónima de Auer dedica la totalidad de su inicio en presentar a su galería de personajes humanos, el bestiario de animales parlantes y a Mortimer Morrison, el propietario de la “Tienda de animales mágicos” que, siempre acompañado por su cuervo, se dedica a recorrer el mundo en su infatigable búsqueda de criaturas inusuales. En el epicentro de esta galería topamos con Ida, una niña cuya vida cambiará para siempre cuando, en compañía de su madre, recale en una pequeña localidad en la que entablará amistad con dos chavales de personalidades diametralmente opuestas. Juntos acuden a un singular colegio en el que, además de recibir un animal fantástico, deben sumar sus esfuerzos para resolver una serie de misteriosos robos. El encargado de plasmar en imágenes lo escrito por Auer ha sido Gregor Schnitzler, un cineasta de irregular y variada filmografía que ha asumido el reto de dotar de empaque y encanto a una narración un tanto dispersa pero que se esfuerza en transmitir, a través de sus secuencias y diálogos, un saludable canto a la amistad. Otro acierto es su cuidado diseño visual y, sobre todo, los diferentes números de música y baile que animan esta función.