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ZINEMALDIA 2022

Una ópera para no olvidar y dos formas de mirar los tránsitos vitales

La Sección Oficial tuvo continuidad ayer con un total de tres proyecciones. «Il Boemo», de Petr Vaclav, rescata del olvido al compositor de ópera checo Josef Mysliveček. El donostiarra Mikel Gurrea se estrenó en competición con su ópera prima «Suro», sobre el tránsito de las relaciones de pareja. Juliette Binoche regresó con «Le Lycéen», de la mano de Christophe Honoré.

Vojtěch Dyk, Lava Vlady, Elena Randonicich, Petr Vaclav y Barbara Rochi, en el estreno de la película en Zinemaldia. (Gorka RUBIO FOKU)

La Venecia de la segunda mitad del siglo XVIII está llena de compositores talentosos, pero Josef no es uno de ellos aún. Llegado desde Chequia hace apenas un año, provinciano y precario, no es nadie en la ciudad-arte italiana. El largometraje de más de dos horas comienza desde el final: el sufrimiento, la sífilis, una máscara veneciana que cubre una cara sin nariz.

El director checo Petr Vaclav presentó ayer en sección oficial “Il Boemo”, una película biográfica del compositor de ópera Josef Mysliveček que se convirtió en el más prolífico de su tiempo, pero poco conocido hoy. Un viaje iluminado con candelabros a la historia y su vestimenta, a Venecia y a Nápoles, al corazón y a las entrañas del mundo de la ópera. “Il Boemo” es una película, candidata de Chequia para el Oscar, con mucha música y sin aires de musical.

Josef rozará el mundo de la ópera, las altas esferas italianas, a través de una mujer y entrará, ya hasta dentro, gracias a otra, La Gabriella, la voz más cotizada en Europa y de quien salen las mejores arias. Con ella descubrirá también los placeres y más mujeres: la libre marquesa o la enjaulada Anna Fracassati.

El compositor llegará en poco tiempo a ser el más apreciado por empresarios, condes y demás gentes de la nobleza, por el joven, grosero y después madurado rey Fernando IV. Lo admirará un jovencísimo y virtuoso Mozart. En un tiempo donde ser compositor no devenía en galones, llegará a lo más alto cuando recibe el encargo para escribir una ópera para el teatro más grande de Europa, el San Carlo, en Nápoles. Lo llamarán «il boemo».

El desconocimiento general y la falta de documentación sobre el compositor Josef Mysliveček ha supuesto un reto para el director y los guionistas a la hora de reconstruir la vida del checo en pantalla. Un reto y mucho trabajo que comenzaron hace trece años. El director Petr Vaclav relató en la rueda de prensa posterior a la presentación de la película que se hundió en los archivos, leyó «entre 200 y 300 libros» de la época. «Quería conocer», dijo: «Todo el mundo se había olvidado de él».

El cantante y actor checo Vojtěch Dyk interpreta a Mysliveček. Tuvo que interpretar su personaje en italiano a pesar de no hablar el idioma. Esa fue, según ha reconocido, la mayor dificultad en este trabajo, aunque no la única. Al ser Mysliveček un personaje sobre quien se sabe poco, Dyk afirmó que la única manera de conectar con él fue a través de lo que ambos comparten, la música.

Dyk comparte el elenco, entre otros actores, con tres mujeres: Lava Vlady (Anna Fracassati), Elena Randonicich (la marquesa) y Barbara Ronchi (Caterina Gabrielli).

La música es el elemento más importante del largometraje de Vaclav. La orquesta Collegium 1704, bajo la batuta de Václav Luks, ha interpretado para esta película las composiciones de Mysliveček. Además, muchas de las obras del compositor checo utilizadas en la película han sido descubiertas en varios archivos y se han interpretado por primera vez en esta obra.

Tránsito sentimental

El donostiarra Mikel Gurrea debutaba ayer en la Sección Oficial con su primer largometraje, “Suro”, una propuesta que entraña diferentes capas, en cuyo núcleo se posiciona la relación sentimental de Helena (Vicky Luengo) e Iván (Pol López), una joven pareja que deja atrás la ciudad para trasladarse a vivir al campo. En la época estival coincidirán con la campaña del corcho -la pela de alcornocales para extraer la materia prima- y tendrán que gobernar a un grupo de temporeros a su cargo.

Esta experiencia es personalmente conocida por Gurrea, pues él mismo participó en una de estas campañas cuando terminó sus estudios universitarios. Y he ahí el punto de partida de la película, en ese universo audiovisual que le quedó clavado al director donostiarra.

Relaciones de poder, inmigración, cambio climático... El filme trata algunos de los mayores retos a los que se enfrenta la sociedad actual. Son diferentes capas -o pieles- que se van despellejando cual corcho al alcornoque. En el epicentro sitúa, sin embargo, la relación que mantienen los dos protagonistas, Helena e Iván, y muestra el tránsito personal de cada uno intercalando imágenes de una belleza suprema que incluso lleva en ocasiones al terreno documental.

El director donostiarra compareció ante los medios acompañado por su equipo y dio algunos detalles sobre la intencionalidad de la película. «En la pela del alcornoque, la belleza, la tensión, la violencia que están ahí también reflejan las tensiones que se viven entre la pareja. Quizá en un sentido más metafórico, pero ahí existe una fuerza que condensa toda la película. Desde el principio construimos la relación de pareja desde la tensión, la tensión entre la corteza y el interior. En catalán ‘suro’ no solo significa corcho, sino también flotar. Y la idea de flotar siempre estuvo presente en el rodaje», afirmó.

Pol López, por su parte, hizo referencia a la pareja que interpreta junto a Vicky Luengo. «Hubo muchas conversaciones sobre quiénes eran estos personajes y básicamente intentamos comprender sus contradicciones. Hay situaciones sociales y laborales que son difíciles de revertir. Intentamos vivir con la máxima complejidad lo humano que hay en esas situaciones».

Cuando cae el mundo

Tras recibir el Premio Donostia el domingo por la noche, Juliette Binoche volvió a cobrar protagonismo en Zinemaldia, esta vez de la mano de Christophe Honoré. El director francés acudió al certamen con “Le Lycéen”, una amarga cinta sobre la convulsa adolescencia de Lucas (Paul Kircher), que ve cómo su mundo se desmorona con la repentina muerte de su padre en un accidente de tráfico. Lucas convive con su madre (Juliette Binoche) y su hermano Quentin (Vincent Lacoste), quien decide “huir” del duelo y continuar con su vida en París.

Lucas sentirá el peso de hacerse cargo del cuidado de su madre, pero su existencia se ve tan golpeada con esa pérdida, que pone rumbo a París junto a su hermano, lo que supondrá el inicio de la debacle en su vida. Honoré coloca su cámara en la perspectiva de un adolescente de 17 años y aborda temas de gran calado, tales como la homosexualidad, la prostitución o las enfermedades mentales. Una película creada desde la intimidad, ya que el cineasta ha declarado siempre abiertamente su condición sexual y su padre también falleció cuando apenas tenía 15 años.

«Desgraciadamente hace mucho tiempo que no tengo 17 años, por lo que ha sido un gran reto narrativo. En la película intentamos hacer un retrato del personaje. Quería que la cinta adquiriera la forma de un adolescente. Quería contar la historia de una manera no adulta, con cierto lirismo, y muchas dudas», aseguró Honoré.

A su juicio, el mundo actual resulta ser un entorno hostil para los más jóvenes y detalló que durante el rodaje mantuvo varias entrevistas con médicos especializados en enfermedades mentales. «La era en la que vivimos, después de la pandemia, ha debilitado a los jóvenes, los ha convertido en personas muy frágiles. Creo que la película es el reflejo de ello. A través del retrato de Lucas tenemos una imagen de cómo esos jóvenes chocan con el mundo, un mundo frío para ellos. Existe un sentimiento de retiro, incluso de negación», señaló.