24 SEPT. 2022 DE REOJO Los otros datos Raimundo FITERO Existe en un superordenador de nombre MareNostrum, que está una antigua capilla en Barcelona, que almacena dieciséis petabytes de datos genómicos y de salud de más de un millón de personas. Se le conoce como EGA, un Archivo Europeo de Genomas y Fenomas. O sea, mientras andamos preocupados en colocar claves de acceso a nuestras tarjetas que sean seguras, de no dar nuestras direcciones de correo a cualquiera, cuando hay una legislatura algo desfasada para que no nos inunden con publicidades, resulta que existe un inmenso almacén con datos sensibles para estudiar, combatir, o lo que sea, a partir de nuestros datos más sensibles, los de nuestra cadena genética, algo que quizás sea decisivo para el diagnóstico de ciertas enfermedades que andan por los vericuetos de la rareza o el desarrollo de fármacos y tratamientos para otras, como el cáncer, pero también para tener datos que impidan una contratación. Para obtener estos otros datos desconozco si existen protocolos de aceptación, porque no son datos anónimos ni anonimizables. Lo más asombroso es que se acumulen en tal cantidad porque un petabyte es algo así como un terabyte elevado a la quinta potencia. No me caben aquí los números en una docena de renglones. Según informan, hay una copia de este almacén genético invisible en otras ciudades y se están implementando sistemas para relacionarlos con otros lugares. Juran que es muy difícil acceder a sus datos, que la protección es absoluta y dicen que pese a los trescientos ciberataques que sufren a la hora, no han tenido ningún problema. Pánico.