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LULA DA SILVA, ELEGIDO PRESIDENTE DE BRASIL

El bolsonarismo golpista mantiene el pulso en las calles de Brasil

A pesar de que Jair Bolsonaro iniciara el proceso de transición del poder al nuevo presidente de Brasil, Lula Da Silva, -ratificado ante el Supremo- y criticara veladamente los bloqueos de carreteras, su ambiguo mensaje dejó terreno para que el bolsonarismo siguiera activo en las protestas y reclamara directamente un golpe de Estado ante los cuarteles.

Manifestantes bolsonaristas reclaman la intervención del Ejército ante el cuartel general en Brasilia. (Sergio LIMA | AFP)

El bolsonarismo golpista seguía activo al día siguiente de que el presidente brasileño en funciones, Jair Bolsonaro, rompiera dos días de silencio y asegurara que cumpliría la Constitución para dar paso al traspaso de poderes, pero sin reconocer de forma explícita la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva.

Así, tras la derrota electoral de Bolsonaro, miles de manifestantes reclamaron una intervención militar frente a varios cuarteles del Ejército.

En Sao Paulo, miles de bolsonaristas se manifestaron frente al comando militar del Sureste, exigiendo la intervención del Ejército con gritos de «intervención federal inmediata». Manifestaciones similares se llevaron a cabo frente a los cuarteles generales del Ejército en Brasilia y en Río de Janeiro con cánticos de «Lula, ladrón, tu lugar es la cárcel».

Los bolsonaristas siguieron, además, bloqueando carreteras en más de la mitad de los estados de Brasil, aunque los cortes fueron menos que los vividos entre el lunes y el miércoles.

El ambiguo mensaje de Bolsonaro, forzado a hablar por su entorno, alentó que se mantuvieran los llamamientos golpistas. No reconoció el resultado electoral ni la victoria de Lula y, aunque afirmó que nadie puede impedir «el derecho de ir y venir», tampoco hizo un fuerte llamamiento a acabar con los bloqueos de las carreteras, limitándose a decir a sus seguidores que «sus métodos no pueden ser los de la izquierda». Además, justificó la protesta como «fruto de la indignación y el sentimiento de injusticia por cómo se dio el proceso electoral».

Dejaba así caer la duda sobre la legitimidad del proceso.

Según la Policía Federal (PRF), ayer, festivo en Brasil, persistían 167 bloqueos de camioneros, de los cerca de 500 del lunes. En la ciudad paulista de Baruerí los transportistas fueron reprimidos por la policía con gases lacrimógenos.

La protesta, sin embargo, ha perdido intensidad desde que Bolsonaro determinó que el Gobierno inicie el proceso de transición con el equipo de Lula aa Silva.

Asimismo, el paso dado ayer por el propio presidente ante el Supremo fue interpretado como una aceptación de su derrota. Bolsonaro acudió a la sede del Tribunal para confirmar a los jueces que las elecciones «terminaron», tras recibir una invitación de los magistrados. «El presidente de la República ha usado el verbo terminar en tiempo pasado, ha dicho ‘terminó’. Por tanto, hay que mirar hacia adelante», indicó el juez Luiz Edson Fachin.

Los jueces del Supremo valoraron que Bolsonaro haya reconocido su derrota, que cumpliría la Constitución y hasta que llegara a criticar de manera velada los bloqueos

¿A la cárcel?

El líder ultraderechista no solo se enfrenta a tener que asumir una derrota a la que se resiste, sino que puede ser un paso hacia la prisión. El pasado agosto solo preveía tres formas de salir de la Presidencia: «Encarcelado, muerto o victorioso». «Estén seguros de que la primera opción no existe», declaró. Sin embargo, la posibilidad es real aunque con procesos que pueden prolongarse años.

Desde el inicio de su mandato, Bolsonaro ha sido objeto de acusaciones diversas, sobre todo por lanzar falsedades, y de más de 10 demandas de destitución, la mayoría ligadas a la gestión de la pandemia, que ha causado más de 685.000 muertos en Brasil.

El apoyo de sus aliados en la Fiscalía General, Augusto Aras, o en la Presidencia de la Cámara de Diputados, Arthur Lira, evitaron que prosperaran. Pero desde el 1 de enero, Bolsonaro perderá, además, su inmunidad presidencial y puede que sus alianzas. Podrá ser juzgado en tribunales de Primera Instancia y no solo por el Supremo. También podrían abrirse nuevos sumarios.

La Justicia brasileña ya investiga asuntos familiares como la inculpación de su hijo Flavio, senador, por desvío y blanqueo de fondos, finalmente archivada porque un tribunal consideró que se había vulnerado su inmunidad parlamentaria al levantar el secreto bancario.

Pero la práctica de la rachadinha -desviar parte del salario de un empleado del gabinete de un electo pagado por el Estado- se extiende a otros familiares y al propio Jair Bolsonaro, diputado durante 27 años antes de llegar a la Presidencia, quien niega cualquier acusación y dice ser víctima de «una persecución política».

Durante su mandato, Bolsonaro selló por 100 años documentos, oficiales o personales, que podrían resultar comprometedores, si bien Lula ha prometido que permitirá el acceso a estos archivos.

Podrían contener, por ejemplo, revelaciones sobre injerencias de pastores evangélicos en el presupuesto del Ministerio de Educación.

Pero los procesos pueden extenderse durante años y los recursos retrasarían cualquier posibilidad de encarcelamiento. Jair Bolsonaro podría beneficiarse del fallo de la Corte Suprema que liberó a Lula al dictaminar que un acusado solo podía ser encarcelado una vez que se habían juzgado todas sus apelaciones.

Un escenario paralelo al que se enfrenta su aliado estadounidense Donald Trump. Y al igual que el trumpismo, el bolsonarismo sigue en las calles y con un líder que no parece retirarse. «Es un honor ser el líder de millones de brasileños», afirmó el martes, tras celebrar que en Brasil «la derecha realmente ha surgido» bajo su mandato.

Los retos de Lula para «recomponer el país»

Lula anunció que su objetivo es «reconstruir el alma de este país», fracturado tras el mandato ultra de Bolsonaro y con problemas distintos y en algunos casos mayores que cuando dejó la Presidencia. De nuevo se ha comprometido a luchar contra la pobreza y la desigualdad disparada, pero a la vez fortaleciendo la economía en un contexto internacional crítico. Promover la equidad racial, las políticas de salud y la educación son algunos de sus retos. Y, por supuesto, evitar el punto de no retorno de la deforestación de la Amazonía, un objetivo en el que el resto del mundo le apremia. Con Bolsonaro ha ido en progresivo aumento, hasta situarse en 13.235 kilómetros cuadrados el área devastada en 2021. Y todo con un Congreso y un Senado que le desafiarán desde sus mayorías de derecha y ultraderecha. Lula tendrá que hacer malabares para cuidar sus alianzas empezando por sus apoyos en las elecciones. En ese acercamiento al centrao, grupos minoritarios de derechas, puede ser clave una alianza con el presidente del Congreso, Arthur Lira, apoyado por Bolsonaro, pero que aislaría al bolsonarismo más radical. Y tendrá que repartir responsabilidades. Prometió crear 13 nuevos ministerios, con lo que puede llegarse al menos a las 33 carteras. Entre ellos, los de Igualdad Racial, Pueblos Originarios, Seguridad, Pequeñas Empresas y Cultura. GARA