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DE REOJO

La energía y el poder


Solamente una mujer puede hacer declaraciones tan contundentes y relacionadas con la calidad de vida como la señora Jacinda Ardern, la actual primera ministra de Nueva Zelanda, que ha anunciado que abandona su cargo debido a la falta de energías o con resumen clásico: «tengo el depósito vacío». Fue la primera ministra más joven, las medidas tomadas por su gobierno en diversas circunstancias fueron ejemplares y de una gran utilidad para sus conciudadanos, pero, por cuestiones que a ella solamente incumben, ha decidido abandonar, porque sin saber nada más, si se siente sin la energía suficiente para ejercer el poder democrático, es mejor retirarse ya que no está el mundo, precisamente, para ir haciendo componendas y surfeando por las olas más exhaustivas y cargadas de resacas políticas.

Muchas veces miramos a los dirigentes y los notamos cansados. Algunos, como Urkullu, parecen siempre adormilados, como convalecientes de un exceso de mediocridad. Otros siempre están al borde del agotamiento por reincidencia, lo que me sucede al ver a Puigdemont, del que tenemos siempre imágenes matizadas con excesivos filtros para colorear su auténtica piel que nunca sabemos si es de cordero o de lobo. La consagración de la autoestima la tenemos con Pedro Sánchez, que parece siempre recién levantado, duchado y almorzado con una dieta energética superlativa. Las dudas más exigentes que requieren de certificado antidopaje previo se detectan en cualquier comparecencia de Ayuso, la lectora de las notas más trumpistas. Atentos a la simbiosis entre Borja Mari y Santi.