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DE REOJO

El tirabuzón del tiburón


Las imágenes de los tres incidentes ocasionales de la derecha extrema bailando una canción que habla de un tiburón forma parte ya de los escasos recursos no alienados de la banda que no lidera Feijóo, sino que protege Ayuso y hace de cuerpo presente Almeida. Son un trío verdaderamente patológico políticamente hablando, aunque ante espectáculos de esta degradación estética se debe entender que se emparentan con lo más populista de los populismos iberoamericanos más señalados. Este sobresalto de populismo hispánico a base de ritmos sabrosones y la presencia de dios en boca de una pastora evangélica televisiva incendiaria, el tirabuzón del tiburón, se ha convertido en una rotunda prueba del algodón electoral actual. Parece evidente que existe ese voto latente o perdido, que existe esa fuerza reaccionaria muy fanatizada religiosamente, pero ¿es este el camino para que vaya esa supuesta masa electoral al puchero pepero?

Sigue el descrédito mundial del hombre menguante y su insuficiencia política, convertido en el adalid, junto a sus compinches madrileños, de lo que se ha venido a nombrar con mucho acierto el cosmopaletismo, es decir, hacerse los cosmopolitas a base de ser los más paletos del lugar, cosa que me da a mí que es bastante contagiosa o ya se ha experimentado en algún batzoki desde hace un tiempo con bastante acierto. Cuesta archivar de manera clara el expediente de Netanyahu que está en serios problemas políticos por su obsesión en blindarse judicialmente. Lo de Macron es otra manera de entender la autoridad y la jerarquía. Nada parece lo que es. Ni el tiburón.