13 AVR. 2023 DE REOJO Perder los papeles Raimundo FITERO No estamos en una fecundidad narrativa que haga albergar esperanzas de una época dorada en la literatura negra, gris o caqui. Los casos de espionaje se están volviendo rutinarios, con ausencia de imaginación, enmarañados en redes, algoritmos, señuelos y más trampas que en un documental de cazadores de conejos. Vertidas todas las cargas y sobrecargas de las pruebas o la necesidad de ellas en instrumentos cibernéticos, en nubes que anidan en subterráneos refrigerados y en uso de herramientas que se convierten en leyendas para iniciar un periodo de ventas online de aplicaciones multifuncionales, nada es vedad ni es mentira y ya ni siquiera depende del cristal con que se mira, sino con la aspiración de los que hacen o se inventan la acción con la intención descomponer la estabilidad indefinida en incoada causa menor. Se pierden los papeles con secretos militares en lugares inverosímiles, como si fueran pliegos que escupe una impresora loca y se puedan escanear con un teléfono portátil vintage. Si se trata de una acción del espionaje ruso suena a patraña, si es una manera despistar, es decir de contra espionaje, material falso para confundir al enemigo, el trabajo parece plagado de cortes premeditados y anexos improvisados. Todo parece fruto de un plan para que lo que sucede en Ucrania parezca un escenario audiovisual, porque se está televisando la parte más estrecha del ancho de banda bélico y que acabará interesando muy poco los tanques de tercera mano que manda la incalificable Margarita, mientras Biden busca en sus orígenes irlandeses la fe perdida.