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DE REOJO

Sigo, seguimos, seguiremos


En colusión constante. La realidad, el espectáculo, la desinformación, las tertulias en bucle y mi prima la astronauta. No escapo, lo que sucedió en San Mamés el sábado convierte una competición deportiva, una Copa de Europa de fútbol jugado por mujeres, en una expresión de la felicidad subrogada. ¿Cuántos seguidores de los colores blaugranas ocupaban las gradas? ¿Qué se vivió en las calles, tabernas, restaurantes, plazas bilbotarras antes y después del partido? Euforia, identidad, felicidad y optimismo.

Me distraigo, extraigo conclusiones equivocadas, siento los colores de ese club que dicen que es algo más porque existen pasiones y fidelidades que a la razón escapan. Prima el orgullo por unas mujeres que son las mejores en diferentes planos, que deben vindicar cada día su estatus, reclamar unos sueldos acordes con su capacidad para ganar, reinventar el amor a un juego perdido en los despachos y que ellas logran hacer una combinación de fuerza y coreografía, de compañerismo , colectivismo e individualidades.

Tuvo que ser en la Catedral, tuvo que ser en un ambiente propicio, pero si excluimos a un presidente nefasto para la entidad blaugrana, todo se puede analizar desde una lectura política, porque siendo una platilla internacional, una gran mayoría de ellas hablan catalán como idioma cotidiano, se han formado en las calles y escuelas catalanas de fútbol, juegan muy bien al fútbol y nos dan a los culés satisfacciones continuadas más allá de lo previsible. Por eso sigo, seguimos y seguiremos a este equipo y el fenómeno de la evolución del fútbol femenino en general.