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EL ECO

Momentos cotidianos cargados de belleza


Una inmersión cinematográfica en las vidas de los habitantes de una pequeña aldea escondida en una comunidad rural en México; la historia no se desarrolla de manera tradicional, sino que se va revelando a través de escenas contemplativas que capturan el transcurso del tiempo y el cambio de las estaciones.

Uno de los mayores logros de “El Eco” es su capacidad para capturar la poesía de lo cotidiano. La cámara de Tatiana Huezo, siempre delicada y respetuosa, convierte momentos aparentemente simples en imágenes cargadas de significado y belleza.

El paisaje rural no solo es un fondo visual, sino un personaje en sí mismo, con el que los protagonistas tienen una relación profundamente simbiótica; es un elemento vivo que dialoga constantemente con los personajes.

La relación entre madres e hijos, la conexión con la tierra y el aprendizaje silencioso que se pasa de una generación a otra se muestran con una sutilidad que deja una huella emocional duradera en el espectador; la construcción emocional de sus personajes, en especial de las mujeres, que aparecen como pilares de fortaleza y resiliencia, es otro de sus puntos fuertes.

Cada plano está cuidadosamente compuesto, y la luz natural juega un papel fundamental en la creación de una atmósfera que oscila entre lo etéreo y lo crudo. La fotografía y el sonido, que capturan el susurro del viento y los sonidos de la naturaleza, sumergen al espectador en un ambiente tremendamente envolvente. El enfoque documental de Huezo resalta con una naturalidad que impresiona.

Una obra de gran sensibilidad, que resuena a nivel emocional y visual.