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Júbilo y miedo se mezclan en las calles

A la vez que muchos sirios mostraban su alegría por la caída del régimen de Bashar al-Assad, que llevaron hasta el interior de su residencia saqueada, en todo el país, pero sobre todo en las zonas de mayoría alauí, se vivía con miedo a las agresiones, robos y ejecuciones por motivos sectarios que están llevando a cabo grupos armados.

Insurgentes ante la tumba en llamas de Hafez al-Assad, en el mausoleo familiar. (Aaref WATAD | AFP)

En la lujosa residencia de Bashar al-Assad en Damasco, saqueada el domingo, Abu Omar deambula de una habitación a otra, tomando fotografías para inmortalizar la caída del presidente sirio. «Vine en busca de venganza, porque nos oprimió de una manera increíble», afirma este hombre de 44 años.

Hombres, mujeres y niños circulan por las habitaciones y pasillos de la residencia del jefe de Estado, huido a Rusia, en el exclusivo barrio de Malki.

La residencia, compuesta por tres edificios, fue saqueada tras la toma de Damasco por las milicias islamo-yihadistas. Las enormes salas están ya vacías y los documentos, esparcidos por las escaleras. En redes sociales se puede ver un vídeo de una multitud en los dormitorios, llevándose ropa y efectos personales, así como bolsos de marcas de lujo.

«Incluso cuando ya no están, todavía hay agua y calefacción, mientras nuestros niños enferman de frío», lamenta Oum Nader, una mujer de 35 años que vino desde un barrio vecino.

En el palacio presidencial, en una colina que domina Damasco, los asaltantes incendiaron la sala de recepción, donde el expresidente recibía a los visitantes. La gran sala está completamente calcinada y aún quedan rescoldos. «Dios fue generoso y nos permitió este momento que esperábamos desde los años 70. Él vivía en el lujo mientras nosotros sufríamos», señala Omar, de 25 años.

Junto al júbilo que mostraron muchos sirios por la caída de Al-Assad, en las calles también se vive la violencia y el miedo a los grupos armados, que están provocando disturbios y llevan a cabo robos a mano armada, agresiones y actos de venganza, aterrorizando a los civiles, especialmente en la costa y concretamente en Latakia, provincia de mayoría alauí, el credo chií que profesa Al Assad .

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) registró al menos seis ejecuciones extrajudiciales desde el pasado domingo registradas en varias ciudades sirias, por venganza sectaria, en contra del respeto que habían prometido las nuevas autoridades.

Como en otras localidades del este del país, en Latakia, el martes por la noche, yihadistas armados entraron en una casa, robaron los muebles y arrastraron a las mujeres.

El Observatorio exigió que los insurgentes detengan el caos, combatan los actos de venganza, protejan a los residentes de todos los credos y etnias, retiren las armas y persigan a los exresponsables del régimen de Bashar al Assad para llevarlos ante tribunales justos.