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DE REOJO

Los mecanismos del relato


Ya no somos ciudadanos, sino unos agentes intrascendentes de un relato que parece se escriben automáticamente en términos cuánticos. Hay cursos y talleres para enfrentarse a partir de mañana al relato centrífugo y centrípeto de la mayoría chistosa, del cuñadismo elaborado a base de recetas de cocina con soplete que conocen todos los misterios del secreter de los juzgados y antes de que opines sobre ese clarete navarro y abras una brecha fundamentalista ya se ponen las vendas elaboradas con las corbatas de Pradales y los calcetines historiados del desaparecido Borja Mari.

Los que andamos siempre en vuelo bajo, creemos que una de las palabras envenenadas de estos últimos meses es justamente relato. Cuando se intenta darle un valor de uso superior a su eficacia narrativa o comunicativa, entramos en subterfugios que anidan en un fondo de armario conviviendo con filias y fobias. Las mentiras, las verdades, las invenciones y las intoxicaciones se forman con los mismos mecanismos para que acaben formando un relato al que se adhiere una mayoría por convicción, fe o impregnación.

Así que uno puede creerse que en Tajuerco, un pueblo soriano de cincuenta habitantes pasa un coche de Google Maps y fotografía a una persona cargando en un coche un bulto que parece un cuerpo y por ello se esclarece un asesinato. Justo delante del domicilio del máximo sospechoso. La casualidad y el método. Demasiadas coincidencias para tragárselo sin sospechar que se camufla una buena acción policial. Y así hasta el relato final que nos deje en los huesos democráticos.