22 FéV. 2025 DE REOJO Los juicios y las sentencias Raimundo FITERO Conforme nos intoxican con tantos asuntos judiciales crece nuestra incomprensión. Han logrado que no sepamos distinguir entre realidad judicial, realidad política y realidad consuetudinaria. Sabemos que hay mundos muy diferentes, impunidades, distintas varas de medir. Por eso vemos juicios en series, películas, informativos y sedes judiciales. Nos los retransmiten fragmentados para que no sepamos distinguir la ficción de la autoficción, del relato político o del juicio paralelo, el de telediario o el de las escalinatas de los juzgados, que a veces son más contundentes en sus sentencias sin considerandos, pero con muchas decisiones definitivas tomadas por la masa social. Entre el juicio y la sentencia a Luis Rubiales hay tanta distancia que parece que el juez que presidía las sesiones y el que ha firmado la sentencia sean personas diferentes. Lo cierto es que se ha reconocido que un beso no consentido es una agresión sexual. Un gran paso. Otro asunto es la mínima condena con argumentaciones que vuelven a colocar el comportamiento de la víctima tras la agresión para rebajarla. Coincidente en el tiempo aparecen denuncias periodísticas, confesiones internas de varias mujeres que señalan a José Carlos Monedero como un agresor, un baboso, con la costumbre, al parecer conocida, de toquetear a sus alumnas o compañeras de partido. Y los relatos crecen, y las excusas de la cúpula de Podemos se quedan con los flojos argumentos exculpatorios al aire por su inacción. Yo diría que se ha abierto una cacería contra Monedero, pero parece que existen casos silenciados. El panorama es demoledor.