GARA Euskal Herriko egunkaria
DE REOJO

Ejecución a la carta


Una de las frases históricas de la literatura universal reza: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía recordaría aquella tarde lejana en que su padre lo llevó a descubrir el hielo...» En Carolina del Sur, el reo Brad Sigmon, eligió que se cumpliera su condena de muerte por fusilamiento que ejecutaron tres voluntarios que formaron el pelotón detrás de una cortina. Prefirió esta muerte violenta a las alternativas de inyección letal o silla eléctrica porque desconfiaba de su eficacia, según narra su abogado. La noticia sigue dando más detalles escabrosos, terroríficos, medievales. Según el reglamento lo sentaron y ataron a una silla, le dibujaron una diana en el corazón y le colocaron una bolsa en la cabeza. Noventa segundos tardó el médico en certificar su muerte.

¿Qué recordaría este hombre blanco que fue condenado por matar con un bate de béisbol a los padres de su exnovia en 2001? La noticia nos dijo que hablo del nuevo y del viejo testamento y que quería lanzar un mensaje de amor. Como estas ceremonias tienen todos los elementos del espanto, familiares de los asesinados, presenciaron la ejecución. Y supongo que después se irían a celebrarlo y/o a un oficio religioso para dar las gracias a su dios por esta venganza en diferido.

Esto que les narro sucedió en uno de los cincuenta estados de EEUU y viene a poner la guinda coyuntural para hacernos una idea periférica de esa sociedad carcomida por la violencia y ahora presidida por un desquiciado Donald Trump. Eso sí, puedes elegir como preefieres que te ejecuten.