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CHARLA LITERARIA CON LA ESCRITORA Y POETA MIZGIN RONAK

La locura de escribir en kurdo en prisión, «un acto suicida»

Es la primera vez que la escritora y poetisa kurda Mizgin Ronak, encarcelada durante treinta años, visita Europa. Y ha sido precisamente en Euskal Herria donde ha recalado para hablar de su obra y, sobre todo, de las dificultades de escribir en prisión en una lengua prohibida, la suya.

Mizgin Ronak, el pasado viernes en Bizkaia Aretoa. (Aritz LOIOLA | FOKU)

En libretas, en servilletas, en la mano... Mientras tienes un bolígrafo, cualquier soporte es válido en la cárcel para escribir y dejar atrás, siquiera con la mente, muros y cerrojos. Así lo hizo la escritora y poetisa kurda Mizgin Ronak, condenada en 1992, con 18 años, a cadena perpetua por un tribunal turco por su implicación en la causa kurda y en libertad condicional tras 30 años en prisión.

Invitada por EHU Kultura y traducida por la periodista kurda Zekine Turkeri, Ronak ofreció en Bilbo una charla literaria en la que disertó sobre su experiencia como escritora desde prisión y sobre su lengua y su obra, y en la que también tuvo bonitas palabras para el euskara y Euskal Herria, donde dijo sentirse como en casa.

Su país vive un momento trascendental tras el anuncio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de poner fin a su actividad armada y disolverse. Una nueva etapa que Mizgin Ronak no pudo valorar porque se arriesga a ser de nuevo encarcelada si sus palabras no son del agrado de las autoridades kurdas. Por eso, en Bilbo, no hubo política y sí literatura y compromiso con la lengua kurda.

Ronak (Amed, 1973) escribió su primer poema cuando tenía 9 o 10 años. Desde entonces no ha dejado de escribir, siempre en kurdo, una lengua prohibida y cuya utilización se ha convertido en algo marginal, según admite en una entrevista a EHU, debido a un proceso de asimilación, en la que colaboran los medios de comunicación, y autoasimilación. Frente a los idiomas dominantes, reivindicó las lenguas minorizadas o prohibidas, con mucha menor difusión, pero que son «idiomas de este universo» en los que también se hace literatura. «Hay que mirar a la literatura desde las lenguas oprimidas. Hay que mirar debajo de la alfombra, igual ahí están las mejores obras», sostuvo.

Casi toda su obra salió de la cárcel, aunque nada gira sobre su estancia en prisión. Cuatro libros de poesía y tres novelas. Todos en kurdo y todos sobre la gente que resiste. Sus libros son el testimonio de la existencia y resistencia del pueblo kurdo.

“Las manzanas nos matan” (“Sêv jî Dikujin”), su primer libro, de poesía, trata sobre la masacre de Halabja, cuando las Fuerzas Armadas de Saddam Hussein atacaron con armas químicas la ciudad kurda homónima, famosa por sus manzanas, que había caído en manos iraníes, y mataron a más de 5.000 personas. «Los pocos supervivientes contaron que los gases tóxicos olían a manzana», recordó Ronak.

Después vinieron las novelas “Somos lluvia” (“En Bûn Baran”), “Somos los que no tienen tumba” (“Foçiya ne Em”), sobre los combatientes kurdos caídos en las montañas que no tienen tumba por lo que son las piedras las que hablan, y “Los guardianes de las rosas de Kobane” (“Nobedarê Gulên Konbanê”), sobre la batalla de Kobane en la que internacionalistas lucharon mano a mano junto a los kurdos y en la que los protagonistas son «los valientes, los que luchan, los que están un poco ‘locos’, porque proteger la flor de un pueblo bajo los bombardeos es cosa de ‘locos’».

«¿CÓMO ESCRIBES?»

Ronak explicó lo duro y difícil que fue escribir en prisión. Y si el hecho de escribir, ya lo era; lo fue mucho más hacerlo en kurdo. «Escribir en kurdo en la cárcel era una locura. Era un acto suicida», aseguró. «En un poema dije: ‘Yo me he matado escribiendo’. Escribes en una libreta y te la quitan. En una servilleta, y te la quitan para ver qué pone. No te la devuelven nunca. He llegado a escribir en la mano, pero me quitan también el bolígrafo -recordó-. Entonces ¿cómo escribes?».

Sus compañeros son el sentido de su literatura: «Escribí sobre gente que ya no está, sobre amigos, compañeros... No es justo que nadie conozca a alguien importante de su vida que la tierra se tragó. Yo intento dar testimonio por ellos, que han estado en este mundo, que han vivido. Es una forma de resistir en la cárcel». Y añadió: «Si nadie hubiera escrito sobre el Che Guevara no sabríamos que ha existido».

Pero no solo escribir es difícil, también sacar de la cárcel lo escrito, publicar y llegar a la gente: «En la cárcel y en kurdo es mucho más difícil. No podía revisar lo que había escrito. Recibía cartas de lectores cuando no sabía si se había publicado. Era surrealista. Mantenía una relación realista/surrealista con mis libros. Cuando alguno llegaba a mis manos después de cuatro o cinco años no estaba contenta».

La escritora kurda evocó a Lev Tolstoi, quien dijo que una historia empieza cuando uno va a un sitio que no conoce. «Todas las historias bonitas comienzan cuando uno llega a otro pueblo. Este es el comienzo de otra historia mía -auguró Ronak-. Algún día intentaré escribir sobre este país, pero tendría que haber algo de euskara si escribo sobre este país».



KARTZELAN KURDUERAZ IDAZTEAREN EROMENA

Mizgin Ronak idazle eta poeta kurduak Europa bisitatzen duen lehen aldia da. Eta Euskal Herrian aukera izan du, hain zuzen ere, bere obraz eta batez ere kartzelan -30 urte pasatu ditu- eta debekatutako hizkuntza batean, berean, idazteko zailtasunez hitz egiteko: «Libretetan, ahozapietan, eskuan..., boligrafo bat daukazun bitartean, edozein euskarri erabil daiteke idazteko eta atzean uzteko, adimenarekin behintzat, hormak eta sarrailak». Haren liburu guztiak kurdueraz idatzita daude, eta herri kurduaren existentziaren eta erresistentziaren lekuko dira.