07 OCT. 2025 LA PRIMERA ESCUELA Sensibilidad histórica con falta de riesgo Gaizka IZAGIRRE HERNANI La película “La primera escuela” es indudablemente valiosa por su sensibilidad y por el homenaje que rinde a quienes lucharon por la educación pública y la igualdad. Ahora bien, uno no puede evitar preguntarse si no hubiera sido más estimulante que se permitiera algún riesgo formal o alguna audacia narrativa. Dirigida por Éric Besnard, es un drama histórico que se sitúa en el Estado francés a finales del siglo XIX, un periodo clave en la instauración de la escuela pública, gratuita, obligatoria y laica. La historia sigue a Louise Violet, una maestra parisina enviada a una aldea rural para poner en marcha estas reformas educativas. En un lugar donde la vida gira en torno a las estaciones, la tierra y los cultivos, su primer desafío será convencer a los habitantes de que envíen a sus hijos a la escuela. Este conflicto central también plantea un choque de tradiciones y modernidad. Besnard dirige con calma y atención al detalle, logrando que nos sintamos dentro de esa época. La luz natural y los paisajes rurales refuerzan la sensación de aislamiento y los obstáculos que Louise debe enfrentar. Alexandra Lamy hace un trabajo excelente interpretando a Louise Violet, mostrando tanto su fuerza como su vulnerabilidad. Su personaje, con un pasado complicado, refleja bien lo que significa luchar por los ideales en un entorno que no siempre lo facilita. Pero, como les mencionaba al principio, a pesar de sus indudables virtudes y aunque trata temas importantes como la educación y la igualdad sin caer en el maniqueísmo, tiende a ser excesivamente correcta, contenida y predecible. La narrativa transcurre de manera lineal, sin sobresaltos ni experimentos formales que pudieran haber dotado a la historia de una mayor fuerza dramática.