22 OCT. 2025 Fuentes, ideas, el qué y el cómo Carlos GIL ZAMORA Analista cultural {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Siempre es un misterio saber con exactitud dónde empieza el primer impulso que lleva a alguien a escribir una obra de teatro, un poema, una sinfonía o un ballet. Los artículos de opinión están más codificados por el tiempo y el espacio, aunque exista esa parcela ambigua del libre albedrío para elegir de qué se escribe. Pero en las obras de teatro, la idea previa, podríamos llamarle el cañamón, puede ser cualquier cosa y hasta se puede recibir un mensaje claro de lo que se quiere tratar en la obra. Pero lo importante es el cómo se hace, cómo se desarrolla esa primera instancia y con qué metodología se realiza.Hay bandos enfrentados, los que aseguran que lo importante es la trama, la historia, la linealidad y quienes dicen que son los personajes quienes configuran la autñéntica verdad dramatúrgica. En estas alturas del camino hacia el muro de las imprecaciones, las tramas se suelen diluir, roto el sistema clásico de presentación, nudo y desenlace, las circunstancias, el cruce de elementos significantes y la escritura fragmentaria hace que en muchas ocasiones los personajes sean apenas unos entes, instrumentos de la narración y de fijación de un nodo de convencionalismo con los espectadores. Si antaño los diálogos definían, ahora no son imprescindibles, aunque sean muy necesarios.