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Maider López, el afán por transformar los contextos en los que trabaja

Maider López (Donostia, 1975) presenta en su ciudad natal su muestra más ambiciosa. Lo hace en dos espacios expositivos, en Tabakalera y Kutxa Fundazioa Kubo. “Ukitu” aglutina 25 proyectos y resume su trayectoria en esta última década. También se han recuperado trabajos anteriores para ofrecer contexto y crear nuevas relaciones. Algunas de las obras se exponen ante el público por primera vez.

Arriba, Maider López en Tabakalera y debajo, otra imagen de la muestra. (Gorka RUBIO | FOKU)

«El título, ‘Ukitu’, alude a la capacidad de la artista de trastocar y transformar los contextos en los que trabaja. También hace referencia a la centralidad del sentido del tacto en algunos de sus proyectos recientes. Asimismo, apela a la dimensión afectiva del arte, a cómo tocamos y nos dejamos tocar», explicó ayer el comisario de la muestra, Aimar Arriola (Markina-Xemein, 1976).

Confesó que ha sido «bonito, un reto» que les ha llevado cerca de año y medio. «Es un placer mostrar juntos y de forma tan extensa trabajos que se han exhibido en diferentes momentos y en diferentes países», aseguró la artista.

La exposición se ha llevado a cabo en el marco del 25º aniversario de Kutxa Fundazioa Kubo y del 10º aniversario de Tabakalera. La colaboración entre ambas instituciones culturales es novedosa. Sus responsables, Ane Abalde y Clara Montero, mostraron su satisfacción por el trabajo en común llevado a cabo en esta ocasión, que ambas calificaron de «especial».

López es una de las creadoras vascas con mayor proyección internacional. Ha participado en las Bienales de Venecia (2005) -dos de los proyectos presentados se exponen ahora en Donostia-, Estambul (2013) y Sharjah (2009). Es habitual su presencia tanto en muestras individuales como colectivas en numerosos lugares del mundo. Algunos de estos proyectos son “Tocar el Museu”, Museu d’Art Modern, Tarragona (2024); “Arnasa”, Museo de Bellas Artes de Bilbo (2022); “Art is happening’” Statens Konstrad, Suecia (2019); “1645 Tizas”, Matadero Madrid (2016); “Eclats”, Centre Pompidou-Metz (2010); “Line of sight”, Zendai Museum of Modern Art, Shanghai (2008); y “AdosAdos”, Guggenheim Bilbao (2007).

INTERVENCIÓN

La práctica de la donostiarra se caracteriza por su intervención en entornos urbanos y naturales a través de acciones, algunas de gran escala, otras más sutiles. A menudo apela a lo colectivo. «Obras que invitan a modificar nuestra relación con los demás y en el entorno, y que requieren de la participación del espectador, desde acciones públicas generadoras de colectividades hasta situaciones existentes que son observadas y registradas por la artista», destacaron los promotores de la muestra.

A través de su obra, la artista lanza una pregunta: ¿Qué es el espacio público? Han quedado en la memoria sus acciones como “Ataskoa” y “Playa”, ambos llevados a cabo en 2005. En la primera, López creó un atasco de tráfico en el monte, en Intza (Nafarroa), mediante una convocatoria pública. «Se generó una colectividad temporal fruto del encuentro entre personas con diferentes intereses», recordó la artista. «Todavía se me acercan personas que me recuerdan que participaron en ‘Ataskoa’», indicó. La segunda tuvo como escenario Itzurun (Zumaia). Allí los participantes, asiduos a la playa, se tumbaron sobre una toalla roja, convirtiendo un domingo cualquiera en extraordinario.

Las dos partes de la exposición presentadas en Tabakalera y Kutxa Fundazioa Kubo se complementan y juntas forman «un ecosistema que pone en relación diferentes niveles de afectar y verse afectado», señalaron.

En Tabakalera, nos da la bienvenida “Suelo” (2024), una instalación mediante la que López ha recubierto el suelo de la sala con tablas sueltas que llevan al visitante a cambiar el paso, «trastocando de ese modo sus certezas».

Una distancia de casi veinte años separa los dos trabajos que encontramos en las paredes de la exposición, presentados en Tabakalera en diálogo. “Contours” (2024) son acciones performativas recogidas en fotografías, en las que un grupo de personas recorre los límites y los contornos del paisaje natural y urbano, tocándolos con las manos situadas unas próximas a otras.

Más allá de nuestras fronteras, “Archipelago” (2019) es una acción recogida en fotografías, donde la colectividad surge de la necesidad de autoorganizarse ante las formas cambiantes del agua.

La naturaleza está muy presente en la obra de López. Los diversos elementos de la naturaleza son «cocreadores» de los proyectos, subrayó Arriola. Ejemplo de ello es “Agua limpia” (2024-25) -su vídeo se exhibe ahora por primera vez-, proyecto en el que se recogió agua en baldes colocados en una azotea de Costa Rica. «El agua fue vertido a un río contaminado», recordó la artista. El agua es el hilo conductor de la muestra.

En “Arqueología de la hierba” (2023-2025), que se presenta por primera vez en esta exposición, pone el foco sobre las mordidas y las pisadas de diferentes especies de animales, así como los efectos de la climatología sobre el pasto.

Algunos trabajos de López parten de la observación y alteración de detalles o gestos de lo cotidiano. En “Personaje” (2021) creó un personaje en la ciudad infiltrando a una persona en el espacio, alterando la cotidianidad. Una mujer transportó una planta en el mismo recorrido por las calles de Bilbo a la misma hora cada día y a lo largo de todo un mes. En “Moving Garden” (2022), fue no una, sino 750 personas las que caminaron por la ciudad portando plantas, redibujando los límites entre lo público y lo doméstico.

El color ocupa el espacio central de Kutxa Fundazioa Kubo, donde han colocado proyectos de gran escala y de diferentes épocas, que ahondan en el interés de López por cómo percibimos la realidad y que provienen de sus investigaciones en torno al color. Así, en la instalación “327 x 1383” (2001/2025) cada plano del espacio muestra sus propias medidas y se diferencia por un determinado color.

A pocos metros llaman la atención unos grandes telones de vivos colores que generan una arquitectura temporal. Se trata de las cortinas teatrales usadas en la acción “Telón” (2015), obra de teatro sin actores en la que los telones ocupaban el escenario y eran protagonistas. Los telones, presentados por primera vez fuera de su contexto original, y el vídeo correspondiente, se muestran en espacios separados en la sala, «generando un diálogo entre materialidades y tiempos diferentes».

Tiempo y color son también los ejes sobre los que se vertebra la gran instalación “Caja de 120 lápices de colores” (2017-2025), realizada a lo largo de nueve años y que se exponen en Kubo Kutxa por primera vez en su totalidad. Los 1.292 dibujos realizados a mano que ocupan la pared surgen del ritual de dibujar hasta que se agota el lápiz y se convierten en una manera no habitual de medir el tiempo.