11 NOV. 2025 DÍA DE LA MEMORIA El acto central de Gogora da voz, por primera vez, a una víctima de tortura Por primera vez, una víctima de la tortura infligida por las fuerzas de seguridad del Estado español tomó la palabra ayer en el acto institucional organizado por Gogora con motivo del Día de la Memoria. Ixone Fernández defendió que el dolor de las víctimas es el mismo, sea cual sea el victimario, y advirtió de que «no podemos construir una memoria en la que falte una parte». Amelia Machimbarrena, Maixabel Lasa e Ixone Fernandez, ayer en el Palacio Europa de Gasteiz. (Endika PORTILLO | FOKU) Ion SALGADO GASTEIZ {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Ixone Fernández fue detenida y torturada por la Policía española hace veinte años, en 2005. Su caso, al igual que el de otros muchos ciudadanos y ciudadanas vascas, más de 5.000, ha sido acreditado por el Instituto Vasco de Criminología. Ayer, por primera vez, una víctima de la tortura, tomó la palabra en el acto institucional organizado por Gogora con motivo del Día de la Memoria. Compartió espacio con Maixabel Lasa, viuda de Juan Mari Jauregi, víctima de ETA, y Amelia Machimbarrena, nieta de Diego Fernández Montes, fallecido también en una acción de ETA. Las tres narraron sus historias y llegaron a un punto común, es preciso reconocer el dolor de todas las víctimas, sin excepciones. «Si queremos avanzar hacia la convivencia todas las verdades deben estar recogidas. No podemos construir una memoria en la que falte una parte», manifestó Fernández en el acto celebrado en el Palacio Europa de Gasteiz, donde remarcó que «se tiene que saber lo que pasó, aunque duela, aunque no nos guste lo que escuchemos. Es la única manera de que no se repita y se aprenda para avanzar hacia una Euskal Herria donde podamos convivir todos y todas». Estas palabras, respondidas por un atronador aplauso, estuvieron precedidas de un duro relato, que da cuenta del calvario al que se ven sometidas las víctimas de la violencia estatal: «Cuando partes de una vivencia traumática que es negada y ocultada, cuando te dicen que lo que relatas forma parte de un manual de desprestigio, lo acabas interiorizando y te condiciona la vida, porque de lo que no se habla no existe. Y lo que no existe no se puede reparar, no puede sanar, y te bloquea». «Ves que se sigue dando, y que goza de una impunidad terrible, que incluso se premia a las personas que fueron las ejecutoras, a los torturadores, eso te victimiza y no te deja avanzar o hacer un proceso de reparación», explicó, y dijo que dar cuenta de su relato en base al Protocolo de Estambul «no resulta fácil porque es hurgar en la herida, pero cuando te lo explican, motiva». «Sacaba a la luz mi infierno personal y me hacía existir, me permitía reconocerme como víctima. Era una manera de salir a la luz». «El Protocolo de Estambul fue un punto de inflexión. Quedó claro que no eran casos aislados, sino que había habido una impunidad durante décadas. A mí me torturó la Policía, pero no era un abuso policial aislado, era algo de un entramado mucho mayor, porque estaban implicados todos, policías, políticos, forenses, abogados... todo ese entramado, con esa impunidad, había permitido que se diese esa vulneración de derechos permanentemente. Y no hay ninguna razón de Estado que pueda justificar que se vulneren los derechos humanos», apuntó antes de reclamar un cambio legal. Recordó que «hay una ley de reconocimiento que en estos momentos a mí me excluye porque no cumplo los requisitos. Esa ley es importante para que las personas que somos víctimas podamos tener derecho a la verdad y a la reparación y, por supuesto, que haya una garantía de que esto no vuelva a pasar nunca. Por eso pido que se abra ese arco temporal -de 1978 a 1999- que limita a las víctimas». El relato de Fernández fue acogido con empatía. «No me puedo imaginar lo que ha pasado. Es estremecedor», señaló Machimbarrena, quien indicó que hace décadas el dolor propio impedía ver el dolor ajeno. Sin duda, el trabajo realizado por personas como Maixabel Lasa ha sido importante para dar la vuelta a esa situación, impulsando encuentros reiterativos y logrando que algún dirigente institucional pidiese perdón. Ibarretxe lo hizo ante las víctimas de ETA. «Intentamos que López también hiciese una petición de perdón, pero no lo conseguimos». VÍCTIMAS DE LA POLÍTICA DE ALEJAMIENTO El encuentro de las tres víctimas fue el punto álgido de una jornada marcada por el desmarque de la derecha española, ausente en el acto celebrado en el Parlamento de Gasteiz; la negación de Esan, que ha exigido retirar la placa en recuerdo de Rosa Zarra, víctima de la Ertzaintza; y la reivindicación de Etxerat, que se concentró ante la Cámara autonómica para recordar a las 16 personas que murieron a consecuencia del alejamiento impuesto a los presos y presas vascas. «Bajo la excusa de que la actual ley de víctimas carece de base jurídica suficiente, el dolor y el sufrimiento de estas víctimas no hace sino prolongarse», censuraron los integrantes de Etxerat, que pidieron «voluntad para seguir dando pasos en la lógica de la memoria colectiva y de la construcción de escenarios de convivencia. Pedimos que utilicen todas las herramientas que tienen para ahondar en el reconocimiento institucional de estas 16 víctimas que sigue causando sufrimiento». «Es el momento de llegar a una resolución definitiva, de reconocer el daño causado por los responsables políticos que durante tres décadas utilizaron la política de dispersión y alejamiento para causar sufrimiento y, de paso, es momento de profundizar en el camino a casa de nuestros familiares que aún hoy siguen tanto en prisión como en el exilio», añadieron los familiares, que recibieron el apoyo de EH Bildu. El portavoz de la formación soberanista en la Cámara de Gasteiz, Pello Otxandiano, defendió una «memoria inclusiva, que reconozca y respete todos los sufrimientos y a todas las víctimas, porque creemos firmemente que ese es el camino para construir una convivencia verdadera». «Para nosotras y nosotros, el ámbito de la convivencia y la memoria no debe convertirse en un terreno de disputa política, y mucho menos en un espacio para el enfrentamiento estéril», apuntó en un mensaje publicado en X. El lehendakari, Imanol Pradales, también abogó por «construir una memoria de país, inclusiva, que supere la miopía del ‘nosotros’ frente al ‘ellos’», para evitar «la instrumentalización del sufrimiento». Alertó que «la democracia y los derechos humanos no están asegurados y debemos aprender del pasado para no repetir errores». Esan, segundo sindicato de la Ertzaintza, sigue negando a Rosa Zarra y pide retirar su placa Nuevo desafío desde la Ertzaintza a sus mandos políticos, en este caso en torno a una de sus actuaciones más letales: la que provocó la muerte de Rosa Zarra por un pelotazo en Donostia en 1995. Como ocurrió en marzo , cuando se conoció la decisión de Lakua de reconocerla como víctima de violencia policial, desde sindicatos de la Ertzaintza y también el entorno del entonces consejero Juan María Atutxa se sigue cuestionando la realidad de los hechos. Esta vez ha sido Esan el que ha expresado su negacionismo. Se trata del segundo en representación de la Ertzaintza en las últimas elecciones, en las que obtuvo un 32% de respaldo. En una nota, Esan carga tanto contra «la vergonzosa e injustificable decisión del Departamento de Justicia del Gobierno Vasco, que ha decidido reconocer a Zarra como víctima sin sentencia judicial que lo respalde, sin pruebas nuevas» como contra la colocación ahora de una placa en su recuerdo por parte del Ayuntamiento de Donostia. Exige la «revocación inmediata del reconocimiento» y también «la retirada de la placa colocada este 8 de noviembre». En el acto, el alcalde de Donostia, Jon Insausti, reconoció que para la institución a la que representa «es hora de quitar deudas» con la familia de Rosa Zarra. Esan se aferra a la versión oficial esgrimida en aquel momento para tapar la realidad de los hechos, que aludía a una enfermedad anterior de Rosa Zarra. Considera que «el entonces consejero de Interior, Juan María Atutxa, acreditó públicamente que no existió relación alguna entre la actuación policial y el fallecimiento», y argumenta que la Audiencia de Gipuzkoa lo dio por bueno al archivar el caso sin juicio. «Pretender ahora lo contrario, tres décadas después y desde un despacho político, es reescribir la historia con fines ideológicos», considera. Acusa al Gobierno de Lakua de «romper su neutralidad institucional» y «traicionar a la Ertzaintza». En el acto del sábado, una de las hijas de Zarra valoró también aquella versión oficial insostenible, pero en términos radicalmente diferentes: «Mintieron. Atutxa dijo que mi madre hubiera muerto igual, con pelotazo o sin él, y eso era falso. Los médicos callaron por miedo y los forenses judiciales apuntaron que tenía algo en el corazón, como ocurre con otras muchas mujeres a partir de una edad». GARA PRESA Y ABSUELTAFernández fue detenida y torturada por la Policía española. Fue acusada de colaborar con ETA, aunque en 2009 fue absuelta sin cargos por la Audiencia Nacional española tras pasar cuatro años en prisión preventiva. EL PP, AUSENTEEl PP no acudió al acto organizado en el Parlamento de Gasteiz. Según De Andrés, «la exigencia ética hacia aquellos que causaron tanto daño se tiene que mantener y no tiene que diluirse con otras violencias, otras circunstancias que son completamente distintas». UNIDAD EN DONOSTIAEl único lugar en el que se dio una imagen de unidad fue en Donostia, donde todos los grupos municipales participaron en el acto organizado por el Ayuntamiento con motivo del Día de la Memoria. En la capital guipuzcoana el PP sí acudió a la ofrenda.