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Entrevue
Víctor Moreno
Escritor

«Julia Álvarez puso inteligencia y voluntad al servicio de mejorar la clase trabajadora»

Originaria de Alesbes como él, Víctor Moreno condensa en su último libro una biografía de la socialista Julia Álvarez Resano en la que corrige errores y aporta documentación inédita sobre «una mujer de inteligencia sobresaliente» y luchadora por la democracia y los derechos de los trabajadores, a cuyo servicio puso también su voluntad.


 

En “Biografía de la socialista Julia Álvarez Resano (1903-1948)”, editada por Pamiela, Víctor Moreno pone negro sobre blanco el resultado de una exhaustiva investigación que repasa la intensa vida de la navarra Julia Álvarez Resano. Una mujer de «inteligencia y voluntad superiores», pionera en el ámbito de la política de diferentes maneras, que se exilió en el Estado francés tras la Guerra del 36 y que terminó sus días en precariedad económica en México después de haber sido expulsada del PSOE, que le readmitió simbólicamente en 2008.

Ha escrito una biografía sobre la socialista navarra Julia Álvarez Resano que corrige errores publicados sobre su vida y aporta documentación inédita. ¿Qué le ha permitido descubrir su investigación?

Llevo desde 1980 recuperando información de mi paisana. En una primera época, hablé con personas que la habían conocido o habían sido alumnas suyas, o con sus padres y abuelos, que habían participado en la fundación de la Agrupación Socialista de Villafranca en 1932 y de la UGT. En una segunda fase, visité archivos. Junto con ello, he revisado las hemerotecas de infinidad de periódicos y revistas nacionales, franceses y mexicanos. Y, por supuesto, revisado artículos publicados en libros revistas y periódicos. Y un sinfín de libros de historia centrados en el período y contexto en los que ella vivió.

¿Cuál ha sido la mayor sorpresa que se ha llevado durante ese trabajo?

En el exilio francés (1939-1947), mi sorpresa mayor ha sido constatar que la mayor parte de las cosas que se le han atribuido eran falsas. Ni estuvo en un campo de concentración ni fue condenada a muerte ni se escapó de una cárcel y se incorporó al maquis… etcétera. Para mí, lo más insólito de esta época fue el enfrentamiento que mantuvo con los dirigentes socialistas del PSOE -Rodolfo Llopis y Enrique de Francisco-. Es inaudita la gravedad del conflicto y el lenguaje utilizado para descalificarla, no solo como política, sino como persona. Ni las derechas la habían maltratado de ese modo. Es una parte de la historia que no creo que figure con letras de oro en la historia del PSOE.

Más grave aún fue el breve tiempo del exilio en México. Cuando llega al país azteca, se encuentra con un panorama familiar terrible. La precariedad económica de la familia Álvarez fue tal que el Comité de Ayuda a los Republicanos Exiliados tuvo que pagar incluso sus funerales.

Su obra está dedicada a una auténtica pionera en el terreno político, ya que fue la primera mujer navarra en conseguir escaño en el Congreso de los Diputados español y durante la guerra se convirtió en la primera mujer en ser gobernadora civil, en concreto de Ciudad Real.

Julia Álvarez fue primera en muchos aspectos de la vida política. La primera mujer que formó parte de un candidatura en la provincia de Gipuzkoa junto con varios hombres; la primera mujer navarra diputada en las Cortes españolas; la primera presidenta de la FETE-UGT; la primera magistrada. Hay quienes por esos cargos y otros muchos que desempeñó la han motejado como mujer ambiciosa. Olvidan que tales cargos jamás los pidió, ni se arrodilló para obtenerlos. Y un detalle que habría que anotar. Fue, sí, primera en ser gobernadora civil de Ciudad Real y magistrada, pero el PSOE jamás la nombró miembro de la Ejecutiva del partido. Y considérese que la mayoría de esos cargos lo fueron con carácter interino y, ojo, en plena guerra civil. Da que pensar.

Tras la Guerra del 36 y una vez en el Estado francés, participó en la Unión Nacional Española, pero terminó enfrentada a sus compañeros. ¿Qué ha localizado sobre esta cuestión?

La Unión Nacional Española era un frente antifascista creado por el PCE y en el que Julia no participó en su formación, como se ha dicho. Este frente antifascista pretendía que los partidos en el exilio se integraran en él para luchar tanto en el interior como en el exterior contra el franquismo. Era una estrategia que Julia defendió estando en España y fue consecuente con ella en el exilio. Fue una figura principal de esta organización, siendo su secretaria de prensa y propaganda. Pero Llopis y De Francisco entendieron que esa era la señal que estaban esperando para acusarla de que servía a los comunistas y, lo peor, la muestra inequívoca de que había dejado de ser socialista. Lo que nunca fue cierto. De hecho, cuando Julia abandonó la UNE, no fue readmitida en el PSOE.

Entre 1944 y 1945, dirigió una versión de «El Socialista», donde apunta que aparecen las claves para entender su actitud política. ¿Qué Álvarez se refleja en la publicación?

Al ser expulsada del partido, Julia no perdió el tiempo. Editó por su cuenta una versión de “El Socialista” que tuvo que lidiar con “El Socialista” de Llopis. Los dos periódicos se decían hijos de “El Socialista” de Pablo Iglesias. Su periódico pretendió ante y sobre todo la unidad de los socialistas; una unidad que sus enemigos la consiguieron de un modo tajante: expulsando a quienes defendían la UNE. La imagen de Julia en este periódico es la de una articulista potente, conceptual, lejos de los libelos que escribió en “¡¡Trabajadores!!”. Se muestra muy sesuda, escribiendo textos argumentativos muy bien articulados y nada ofensivos. Quienes la acusaron de comunista, mentían. Nunca lo fue. Socialista y marxista-leninista, sí. Como el PSOE de entonces.

Señala que Álvarez lo dio todo por su partido, el PSOE, pero terminó siendo expulsada de esa formación. ¿Qué ocurrió?

Su tarjeta de expulsión la recibió en el famoso Congreso de los socialistas, celebrado los días 24 y 25 de septiembre de 1944 en Toulouse, en el que no la dejaron entrar las huestes de Llopis. Julia pertenecía al sector “negrinista”, enfrentado al de Indalecio Prieto, del que Llopis y De Francisco eran sus representantes en el exilio francés. El pretexto fue la UNE. Se le acusó de comunista o negrinista, valga la redundancia. En el fondo, la cuestión era otra. Miedo a perder el poder por parte de Llopis y De Francisco. Estos sabían que si Julia hubiera participado en ese Congreso, se los habría ‘comido’ dialécticamente hablando.

Finalmente se asentó en México, donde murió a los 44 años. ¿Cómo fue esa etapa final de su vida?

Fatal. Cuando se exilia a México, se encuentra con una familia empobrecida, sin ninguna fuente de ingresos. Ni su madre, Nemesia, ni su hermana Carmen trabajan. Pero mucho más grave es la situación del hermano Miguel, ingresado en un sanatorio neuropsiquiátrico. Miguel es un enfermo mental, un sociópata violento, cuyo cuidado por parte de la familia requiere unos gastos que no puede afrontar.

Por su parte, Julia no consta que trabajara, lo afirma ella misma, y solo recibe 75 pesos por subsidio de viuda. Así que la afirmación de que abrió un bufete de abogados no parece que pueda sostenerse, ni hay documento que lo confirme. Tampoco es cierto que dirigiera una revista titulada “Rimas”. Nadie que lo afirma ha visto su portada. Sí se dice que «intervino en la publicación de una revista llamada ‘Musas’», según el periódico mexicano “España Nueva” en su necrológica de 1948.

Juzgo como imposible que Julia, dadas sus condiciones de vida, pudiera dedicarse a ayudar a los exiliados que llegaban a México. Bastante tenía con lo suyo.

Una vez concluido el trabajo, ¿qué imagen le ha quedado de Julia Álvarez Resano?

No es una militante política sencilla, fácil de comprender e interpretar. No es un personaje plano. Puede afirmarse que tuvo una inteligencia y una voluntad superiores. Lo demostró desde que comenzó a estudiar por libre las carreras de Magisterio y de Derecho. Inteligencia y voluntad que puso al servicio de la mejora de la clase trabajadora, en especial de la mujer. Pero ya se sabe que la inteligencia puesta al servicio de un partido político, aunque sea de izquierdas, termina siendo cautiva de un dogmatismo que difícilmente se superan. ¿Es lo que sucedió con Julia? Solo puedo decir que no se salió jamás del catecismo socialista de la época.

¿Puede ser considerada como otra mujer sobresaliente olvidada en su tierra de origen?

No solo en su tierra, sino también en su propio partido, que la expulsó, readmitiéndola de forma simbólica en 2008, sin ninguna consecuencia práctica. Nadie es profeta en su tierra. ¿Profeta? Muchísimo menos. Si en 1936 la pillan los carlistas y los falangistas en Villafranca, la habrían llevado a la hoguera.