GARA Euskal Herriko egunkaria
LA ASISTENTA

Un thriller que sobre-explica, pero funciona


Cuando un libro se convierte en objeto de consumo masivo y ocupa durante meses las mesillas de noche de medio planeta, es solo cuestión de tiempo que Hollywood llame a la puerta. “La asistenta” llega así a la pantalla, como un producto predestinado para satisfacer tanto al lector como al espectador en busca de emociones prefabricadas.

La historia arranca con Millie, una joven con una mochila vital bastante pesada que consigue trabajo como asistenta en la imponente casa de los Winchester. Lo que en un principio parece una oportunidad para empezar de cero pronto se transforma en algo inquietante.

Paul Feig dirige sin medias tintas. Su estilo no propone, impone y subraya. Todo está marcado con fluorescente, por si acaso el espectador decide desconectar dos segundos. Esta tendencia al trazo grueso puede resultar algo agotadora, pero también define con claridad el tono del film: aquí juega al impacto directo.

Es una película que necesita tiempo para encontrar su verdadera cara. Durante buena parte del metraje avanza con piloto automático, atrapada en romances tibios, momentos previsibles y una banda sonora que insiste más de la cuenta. Sin embargo, cuando se desprende de esa corrección y abraza su lado más pulp, el relato cobra vida; se vuelve incómoda y juguetona.

Es irregular, pero no deja indiferente a nadie. Bajo su envoltorio de entretenimiento algo desmedido, se filtra una mirada inquietante sobre cómo las estructuras de poder se infiltran en los espacios más íntimos.

No es una obra sutil, y todo se sobre-explica demasiado, pero es un relato que, entre el artificio y la exageración, logra dejar cierta huella.