10 JAN. 2026 REAL Aramburu absuelve los pecados tras volver a dispararse en los pies Los donostiarras se adelantaron en la primera mitad con un gol de Brais, pero perdonaron en la reanudación, se echaron atrás y el Getafe empató cuando se cumplía el tiempo reglamentario. Un remate de Aramburu en el 96 da la primera victoria a Matarazzo. Brais Méndez se dirige al público en las gradas de Getafe para celebrar el 0-1 en el primer tiempo. (AGENCIA LOF) Imanol INTZIARTE {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Bien está lo que bien acaba, pero el partido de Getafe volvió a ser un compendio de las virtudes y los defectos de una Real que jugó con inteligencia en la primera parte y se adelantó con un gol de Brais; pudo sentenciar en el arranque de la segunda pero pagó su falta de pegada; para ‘acogotarse’ en la recta final y permitir a los azulones empatar en el 90. Hasta aquí sería un relato demasiado habitual en tiempos recientes. Pero esta vez el guion fue diferente porque apareció Aramburu en un córner en el 96 para aprovechar el fallo de Soria en la salida y cabecear a la red. ¿Dos partidos y Matarazzo ya exhibe su flor? Los tres puntos son oxígeno en Liga, con el Barcelona en el horizonte como próximo rival. Como se esperaba, el pitido inicial dio paso a una guerra de trincheras. El Getafe aguardaba agazapado, esperando el error de los blanquiazules, mientras que los donostiarras tenían claro que su primera premisa era no regalar atrás, y no se complicaban la vida. Un testarazo desviado del canterano Mestanza fue lo único que llevarse a la boca en la primera media hora. La Real disponía de corners y faltas laterales, pero sin remate. Nada nuevo bajo el sol. Pero lo que son las cosas. Hablaba Matarazzo hace unos días que su equipo necesitaba 18 remates para anotar, y que había que mejorar ese porcentaje. Dicho y hecho, la primera a la cazuela. Brais Méndez, que con el técnico estadounidense está jugando más adelantado, enganchó en el borde del área un balón que le llegó botando y lo puso con la zurda lejos del alcance de Soria. Cuarto tanto del curso con el sello ‘Galicia Calidade’. Un disparo lejano de Iglesias que Remiro despejó a saque de esquina puso el cierre a la primera parte. Puerta a cero, un remate a puerta, un gol, fútbol de la vieja escuela. Tras el descanso, Bordalás mutó su 4-5-1 en un 4-4-2. La primera ocasión llevó la firma de Guedes, con un disparo tras robo que se marchó ligeramente desviado. Matarazzo movió el banquillo bastante antes que el domingo pasado, y metió a Barrenetxea y Sucic por Guedes -que tenía molestias en un tobillo- y el goleador Brais. Un minuto después Oyarzabal tuvo el segundo. El de Eibar leyó muy bien que Rico iba a pasar atrás a su portero, e interceptó el balón, pero luego falló en la definición ante Soria y la tiró fuera. Y a renglón seguido, otra vez Oyarzabal y Barrenetxea no supieron resolver tras una gran jugada coral. Los malditos porcentajes de los que hablaba Matarazzo. CRIMEN Y CASTIGO... Y PREMIO FINAL Los azulones se crecieron, y a la Real le entró el miedo a perder su botín. Sin generar juego, pero a base de ímpetu y de lanzar balones arriba, el equipo madrileño soñaba con el empate. Y al final llegó el castigo. Una falta botada desde el centro del campo, un atacante que la peina y Juanmi que la caza de volea para mandarla a la red. Quedaban seis minutos de descuento, y quien más quien menos despotricaba en hebreo ante un nuevo fiasco. Los donostiarras se fueron a por todas y el premio gordo llegó de la forma más increíble. En un córner, y además cabeceado por uno de los más bajitos. Kubo lo lanzó, Soria midió mal y Aramburu permite a la Real tomar un poco de aire antes de recibir a Osasuna en Copa. SADIQ, A VALENCIAUmar Sadiq ya no es jugador de la Real Sociedad. Se marcha al Valencia por una cantidad que según diversos medios llega a lo sumo a 5 millones de euros, una cuarta parte de lo que se pagó por él. Era la solución menos mala para un fichaje que se salda como un rotundo fiasco.