10 JAN. 2026 Obra pública, ética y estética, paisaje y patrimonio Un año más, el 18º consecutivo, GARA patrocina la conferencia que el arquitecto Iñaki Uriarte ofrece mañana en el museo Guggenheim, cuyo argumento resume en este artículo. Fotografía de la presa de Arriaran. (NAIZ) IÑAKI URIARTE BILBO {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Toda obra destinada al uso público debe atenerse a la doctrina que proclamó hace más de dos milenios el arquitecto romano Marcus Vitruvius Pollio (80 aC - 20 aC), conocido como Vitruvio, sintetizada en esta triada: Firmitas, Utilitas, Venustas (firmeza, utilidad y belleza). La obra pública es una construcción de notable importancia y envergadura con complejidad e incidencia en un paraje territorial o urbano destinada a una función de interés para el ser humano a fin de resolver sus necesidades de todo tipo, Habitualmente, promovida por las administraciones financiadas con fondos públicos y en ocasiones construidas y costeadas por empresas privadas. Son proyectos regidos por los principios de la solidez y la utilidad que por su estricta funcionalidad, no requieren de ornamentación, pero sí una integración ambiental en su entorno, lo que supone en realidad y más en la actualidad, mayor respeto con las preexistencias, es decir una actitud ética. El legado de obras creado a lo largo del tiempo que se ha conservado muestra una audacia constructiva adecuada a su época que les dota de importancia como testimonios históricos que deben ser conservadas, catalogadas, en su caso restauradas y protegidas legalmente como bienes culturales ya que son imprescindibles para la patrimonialización de la obra pública. La imagén que ilustra este reconocimiento a la obra pública, pretende ser una síntesis de lo descrito. La presa que contiene el embalse de Arriaran, en Beasain, es la consecuencia del pensamiento ilustrado del Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, José Mª Elosegui Amundarain. Como director general de Obras Hidráulicas en la Diputación de Gipuzkoa hasta su jubilación, tuvo la responsabilidad ética de que una obra de servicio público, el embalse, en su elemento más representativo la presa, estuviese incorporada a la orografía del entorno de un modo singular, no anónimo, que creara un lugar reconocible con un valor espacial, estético, cultural. Para ello, encargo en 1991 al artista Néstor Basterretxea (1924-2014) la realización de una colosal obra, en su más amplio sentido, que el creador vasco concibió como un conjunto escultórico en hormigón de 23x60 metros a incrustar sobre el frente inclinado de contención como alivio tectónico, remate murario y homenaje al agua: Urbide (Camino del agua) inaugurada el 28 de julio de 1994. Finalmente, el agua que salta por el aliviadero ya libre entre las dos partes de la escultura, no es consciente de la hermosura que deja atrás. Quizá desconoce la advertencia de Leonardo da Vinci (1452-1519). “L'acqua che tocchi de' fiumi è l'ultima di quella che andò e la prima di quella che viene. Cosí il tempo presente”. (El agua que tocas de los ríos es la última de la que se fue y la primera de la que viene. Así es el tiempo presente).