30 JAN. 2026 El atunero Ozentziyo, «último mohicano» en el arte de la cacea Casi tres meses después de la multitudinaria botadura de la nao San Juan en aguas del puerto de Pasaia, el museo-astillero Albaola reabre hoy sus puertas con un nuevo proyecto «radicalmente diferente», que consiste en la restauración a lo largo de este año de un atunero que tuvo su base en Donostia y que mantuvo viva hasta 2015 una ancestral técnica de pesca, la cacea, en desuso en la actualidad. El casco del Ozentziyo ocupa el lugar en el que estaba antes la nao San Juan. (Jon URBE | FOKU) IMANOL INTZIARTE PASAIA {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Xabier Agote y su equipo de Albaola no son de los que se quedan quietos mucho tiempo. Tras la exitosa botadura en noviembre de la nao San Juan -con su correspondiente dosis de estrés-, cerraron las puertas al público para tomarse un pequeño respiro y preparar su siguiente reto. La fecha ha llegado, y el museo ubicado en Pasai San Pedro volverá a recibir visitas desde hoy mismo. Agote reveló ayer que Albaola arranca con un proyecto «radicalmente diferente a lo hemos estado haciendo los últimos años». De un ballenero que cruzó el Atlántico en el siglo XVI al último atunero con base en el puerto de Donostia, el Ozentziyo. El presidente del Albaola explicó que «la pesca del atún ha sido básica en la economía vasca, un arte ancestral del que hay datos que confirman que ya se practicaba en la época romana. Se pescaba con chalupas de vela de 10-12 metros, extendiendo una cañas a ambos lados y de las que colgaban unos señuelos -llamados en euskara malutak-que se hacían con hojas de maíz e hilos de colores, ocultando un par de anzuelos». Hace aproximadamente un siglo, el motor sustituyó a la vela, pero los barcos de la costa vasca siguieron usando esa técnica, que en castellano se conoce como cacea. Posteriormente los atuneros comenzaron a emplear la técnica del cebo vivo, que es la que se usa actualmente, pero «el Ozentziyo fue el último mohicano en mantener la técnica antigua». Agote recordó que «en 2015, la familia Puerta, propietaria del Ozentziyo, se puso en contacto con nosotros para ver si podíamos salvar un barco que se iba al desguace. En ese momento nos venía muy mal, estábamos con el proyecto de la nao San Juan, pero fue muy importante la ayuda económica de la cooperativa de autobuses Irizar». Ahora, tras once años de espera, ha llegado su turno. Sin querer fijar una fecha, indicó que «nos dedicaremos a restaurarlo durante el próximo año, mientras rematamos el San Juan, ahora estamos con los mástiles. Luego vendrán las anclas». LA RESPUESTA DE LA SOCIEDAD La expectación que levantó la botadura del San Juan llevó a Xabier Agote a recordar que «cuando empezamos en Albaola no sabíamos qué respuesta íbamos a tener, pero vemos que el tema despierta interés y seguiremos trabajando para recuperar nuestro patrimonio marítimo». Todo ello, destacó, con la colaboración de instituciones como el Gobierno de Lakua, la Diputación de Gipuzkoa, el Ayuntamiento de Pasaia y la Autoridad Portuaria. En este caso concreto se añade a la lista «la fundación inglesa County Hall Arts, a la que llamó la atención que en el puerto de Donostia no hubiera ningún barco tradicional, y al enterarse de este proyecto se sumaron. Espero que Donostia recupere esa identidad marítima y oceánica, que no se nos olvide de dónde venimos», manifestó. Los representantes institucionales tomaron la palabra para poner en valor el trabajo de Albaola para recuperar el patrimonio y la memoria. La consejera Amaia Barredo apuntó, además, la importancia de la pesca como «pieza clave para el desarrollo económico y social de la costa». La diputada general de Gipuzkoa, Eider Mendoza, subrayó que este buque, además de sus habituales tareas de pesca, también se utilizó para llevar a cabo labores de rescate de personas o para retirar chapapote cuando se produjo el derrame del petrolero Prestige a finales de 2002. «Es parte de nuestra identidad», sentenció. «HOMENAJE»Iñigo Puerta, hermano del que fuera armador Jesús Puerta, señaló que para la familia «es un día especial. Vamos a ver otra vez en el agua el Ozentziyo, que ha sido una casa, un refugio en el mar, una forma de ganarse el pan, un espejo de una forma de vida, y esta renovación es un homenaje a todas las mujeres y hombres que han trabajado en el mar».