02 FéV. 2026 LA VIRGEN DE LA TOSQUERA El horror que crece en los márgenes Gaizka IZAGIRRE HERNANI {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} El nuevo largometraje de Laura Casabé, “La virgen de la tosquera”, se mueve en un territorio incómodo del cine argentino contemporáneo: el de un coming-of-age sucio, atravesado por folklore, deseo y terror, ambientado en los márgenes del conurbano bonaerense en 2001, cuando el país se desmoronaba y nadie parecía tener del todo el control de nada. Natalia es una adolescente criada entre una abuela cansada y un barrio que parece detenido en el polvo. Junto a sus amigas, proyecta sus deseos sobre Diego, un chico silencioso. Pero todo estalla cuando aparece Silvia, una figura casi mítica: más adulta, más libre, más segura, que irrumpe como una amenaza tanto erótica como simbólica Casabé evita cualquier tentación de narrar de forma pedagógica. El relato avanza sin manual de instrucciones, apoyándose en la ambigüedad y en una confianza casi provocadora en la capacidad del público para leer lo que no se dice. Tanto es así que el horror se filtra lentamente desde lo emocional y la violencia cotidiana. Lo que comienza como un relato de adolescencia con tintes costumbristas y coqueteos con la brujería, se va deformando de manera progresiva, adquiriendo una textura cada vez más extraña. La sensación de amenaza no proviene de un evento puntual, sino de una acumulación de tensiones. Las luces naturales, los colores apagados y los encuadres cerrados convierten los espacios abiertos en trampas, reforzando una sensación constante de encierro. No es una película cómoda ni del todo equilibrada. En su mezcla de terror, drama social y relato adolescente, a veces se excede en la acumulación simbólica. Casabé firma una obra áspera y provocadora que revitaliza el cine de género argentino al anclar el horror en una realidad social reconocible.